España ha convertido más de 3.600 kilómetros de líneas de tren en desuso en Vías Verdes, itinerarios para caminar y pedalear sin apenas cuestas. En 2026 el programa cumple 33 años, prepara casi 80 nuevos tramos y se consolida como una joya del turismo sostenible.
A mí me obsesionan los trenes y la gente que vive alrededor de ellos, así que hay pocas cosas que me emocionen tanto como un raíl que se niega a morir. En España, cientos de kilómetros de vías por las que ya no pasa ningún convoy han encontrado una segunda vida sorprendente: se han convertido en Vías Verdes, caminos para andar y pedalear.
Cuando el tren se va, queda el camino
El país conserva más de 3.600 kilómetros de antiguas líneas de ferrocarril en desuso que han sido recuperadas como itinerarios cicloturistas y senderistas. Todo ello se enmarca en el Programa Vías Verdes que, desde 1993, impulsa y coordina la Fundación de los Ferrocarriles Españoles, dando un nuevo sentido a esos trazados olvidados.
Treinta y tres años de una idea sencilla
La idea que hay detrás no puede ser más elegante: en lugar de dejar que la maleza se coma los viejos raíles, se retiran las traviesas y se acondiciona el firme para que cualquiera pueda recorrerlo. En 2026, este programa pionero cumple treinta y tres años de vida, toda una generación transformando el abandono en oportunidad.
Caminos sin cuestas

La gran ventaja de estos itinerarios viene precisamente de su origen ferroviario. Como los trenes no podían subir pendientes pronunciadas, los trazados son suaves y tendidos, casi llanos. Eso convierte a las Vías Verdes en rutas accesibles para familias con niños, personas mayores, ciclistas de fin de semana e incluso usuarios de silla de ruedas.
Túneles, viaductos y estaciones con vida nueva
Recorrer una Vía Verde es también un viaje por la ingeniería de otra época. El camino atraviesa túneles excavados en la roca y cruza viaductos suspendidos sobre los valles, obras que un día sostuvieron locomotoras. Muchas antiguas estaciones, además, se han reconvertido en alojamientos, restaurantes o centros de interpretación para el viajero.
Un país tejido de raíles olvidados
El mapa de estas rutas dibuja una España menos conocida, la de las líneas secundarias que unían pueblos pequeños, minas y comarcas rurales. Al pedalear por ellas se cruzan paisajes de montaña, riberas de río, campos y bosques, lejos del ruido de las carreteras y a un ritmo pausado que invita a mirar con calma alrededor.
El futuro: casi ochenta proyectos nuevos
Lejos de estar cerrado, el proyecto sigue creciendo con fuerza. Según la propia Fundación, hay cerca de ochenta proyectos constructivos de acondicionamiento de nuevos trazados ferroviarios en desuso, que en los próximos años sumarán más kilómetros a una red ya envidiable y llevarán estas rutas a comarcas que hoy todavía no las tienen.
Reconocimiento como producto turístico
El valor de esta red también empieza a reconocerse de forma oficial. El proyecto Experimenta Vías Verdes de España fue elegido como el segundo mejor en la segunda convocatoria del Programa Experiencias Turismo España, del Ministerio de Industria y Turismo, con el objetivo de mejorar esta experiencia como producto de turismo sostenible.
Un día para celebrarlas
Cada año, estas rutas tienen incluso su propia fiesta. En 2026 se celebra el vigesimosexto Día Nacional de las Vías Verdes, con ciclorutas guiadas y actividades organizadas junto a consorcios y ayuntamientos de las zonas implicadas. Es una jornada pensada para descubrir en familia estos caminos y reivindicar su cuidado y conservación.
Turismo lento contra la despoblación
Más allá del deporte y el paisaje, hay un trasfondo social que me parece esencial. En comarcas amenazadas por la despoblación, el paso de senderistas y cicloturistas genera clientes para bares, casas rurales y pequeños comercios. El turismo lento devuelve movimiento y esperanza a pueblos que el cierre del ferrocarril había dejado apartados.
La gente que vive junto a la vía
Lo que más me interesa, al final, son las personas. Antiguos ferroviarios que recuerdan el silbido del tren, vecinos que ahora regentan un albergue en la vieja estación, guías que enseñan la comarca a los visitantes. La vía sigue haciendo lo que siempre hizo, unir a la gente, aunque ya no lo haga sobre raíles sino sobre ruedas.
Consejos para pedalear una vía verde
Si te animas, conviene ir bien preparado aunque el terreno sea fácil. Lleva agua suficiente, revisa antes el estado y la longitud del tramo, respeta a los demás usuarios y sigue la señalización propia de cada ruta. Y, sobre todo, tómate tu tiempo: la gracia de una Vía Verde está en disfrutar del camino, no en devorarlo.
La segunda vida de los trenes
Por eso defiendo tanto estas rutas: son la prueba de que un tren puede seguir siendo útil mucho después de su último viaje. Donde antes había horarios, billetes y andenes, hoy hay pasos de ciclistas, meriendas al sol y conversaciones de pueblo. La vía sigue viva, y quizá esa sea la mejor forma de honrar al ferrocarril.

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