La ola de calor que atraviesa buena parte de España ha alterado el calendario del campo en Álava, donde los agricultores se han visto obligados a adelantar la cosecha del cereal. Según ha informado el canal 24 Horas de RTVE, las altas temperaturas están condicionando por completo la campaña y han empujado a los productores a acelerar la recogida del grano.
Lo habitual en la zona es que la cosecha del cereal arranque a finales de julio, en torno al día 22 o 24. Sin embargo, este año la situación ha cambiado y los agricultores trabajan prácticamente contrarreloj para poder recoger el grano a tiempo, aprovechando cada jornada en la que las condiciones lo permiten antes de que el calor cause más daños.
El motivo de esta urgencia está en el efecto directo del calor sobre la espiga. Los agricultores explican que el grano, cuando todavía estaba en leche, es decir, tierno y verde, se ha secado por las temperaturas excesivamente cálidas. Ese abrasado en pleno proceso de maduración es el que amenaza con reducir de forma notable el resultado final de la campaña.
Por eso las previsiones apuntan a una cosecha claramente inferior a la del año pasado. Los productores calculan una merma de al menos un 20% o un 30% respecto a 2025, cuando se recogieron en torno a 230.000 toneladas en todo el territorio. La reducción, advierten, se notará tanto en la cantidad como en el rendimiento de un cultivo muy sensible a los golpes de calor.
A las dificultades meteorológicas se suman las condiciones del mercado. Los agricultores lamentan que no pueden empezar a trabajar demasiado pronto por la mañana, porque si entregan el grano con algún grado de humedad se les aplica un descuento, algo que resulta especialmente gravoso en un momento en el que el precio del cereal se mantiene bajo.
Los propios productores señalan que la temperatura idónea para trabajar no debería superar los treinta grados, un umbral que estos días se rebasa con facilidad. Ese exceso térmico no solo perjudica al grano, sino que complica la logística de toda la recogida y obliga a ajustar al máximo las horas en las que se puede faenar en el campo.
Además, la campaña se desarrolla bajo una alerta amarilla por riesgo de incendios forestales, lo que abre un segundo frente de preocupación. Desde la Diputación piden extremar las precauciones y los propios agricultores reconocen que trabajan con miedo, llevando extintores, paletas y mochilas de agua para poder sofocar cualquier conato de fuego que pueda originarse durante la recolección.
