El gigante farmacéutico Johnson & Johnson ha accedido a pagar 5.500 millones de dólares para poner fin a una batalla legal que se ha prolongado durante décadas en torno a sus polvos de talco. Con este acuerdo, la compañía busca cerrar el escándalo que le ha perseguido durante años e indemnizar a las miles de personas que decidieron llevarla ante los tribunales.
Los demandantes, que suman miles de casos, acusaban a la empresa de fabricar unos polvos de talco que provocaban cáncer de ovario. La firma siempre ha negado esa relación, pero finalmente ha optado por alcanzar un acuerdo económico que le permite dejar atrás la larga sucesión de reclamaciones presentadas en su contra.
El talco fue un producto de consumo masivo durante décadas. No solo se utilizó para el cuidado de los bebés, sino también por parte de mujeres que recurrían a él para su higiene íntima. Esa amplia difusión ayuda a explicar el elevado número de afectados que, con el paso del tiempo, se fueron sumando a las demandas contra el fabricante.
Las primeras denuncias comenzaron a llegar a partir de 1965, cuando distintas mujeres empezaron a atribuir al producto el cáncer de ovario o el mesotelioma que padecían, un cáncer que afecta a los pulmones. En sus reclamaciones sostenían que el talco comercializado estaba contaminado con amianto.
El respaldo a esas sospechas fue apareciendo con los años. Un médico de Boston advirtió, tras la muerte de una paciente hace tres décadas, que muchos de los casos estudiados mostraban un riesgo de cáncer de ovarios asociado al uso del talco, una valoración que reforzó los argumentos de quienes reclamaban responsabilidades a la compañía.
Aquel caso se saldó con una condena judicial contra la farmacéutica, obligada a abonar 72 millones de dólares. El hijo de la fallecida resumió el sentido de aquella lucha al recordar que la demanda no buscaba únicamente justicia para su madre, sino también para las demás mujeres que se encontraban en la misma situación.
Con el pago de 5.500 millones de dólares, Johnson & Johnson intenta cerrar el capítulo más costoso de este conflicto y frenar la acumulación de procesos en su contra. La compañía mantiene su negativa a admitir que el producto causara daño alguno, pero el desembolso pone fin a un escándalo que se prolongó durante décadas.
