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El Mediterráneo alcanza 33 grados, la temperatura más alta registrada en aguas españolas

El Mediterráneo alcanza 33 grados, la temperatura más alta registrada en aguas españolas

La boya de Dragonera, en Mallorca, registró ayer 33 grados, la temperatura más alta medida hasta ahora en aguas españolas. El investigador del Instituto Español de Oceanografía Manuel Vargas advierte de que el Mediterráneo se calienta hasta tres o cuatro veces más rápido que otras zonas del planeta. Un mar tan cálido es el combustible perfecto para fenómenos extremos como las danas de otoño.

El mar Mediterráneo ha alcanzado los 33 grados, la temperatura más alta registrada hasta ahora en aguas españolas. La cifra la midió ayer la boya de Dragonera, frente a Mallorca, que forma parte de la red de observación de Puertos del Estado. El investigador del Instituto Español de Oceanografía Manuel Vargas, integrante de su grupo dedicado al cambio climático del Mediterráneo, calificó el dato de auténtica barbaridad.

Vargas explicó que, a causa del calentamiento global, la Tierra está reteniendo cada vez más energía y en torno al 90% de ella termina en los océanos. Sin embargo, el Mediterráneo se está calentando más deprisa que otros mares: en algunas regiones el ritmo al que aumenta la temperatura puede llegar a ser tres o cuatro veces superior al que se observa en otras partes del planeta.

El investigador advirtió de que cada verano se baten nuevos récords y de que las llamadas olas de calor marinas, el equivalente en el mar de las que se sufren en la atmósfera, se producen ya incluso en invierno, hasta el punto de que el Mediterráneo pasa muchos meses del año inmerso en ellas. Por eso considera cada vez más acertada la expresión de que se está convirtiendo en un mar tropical.

Una de las consecuencias más dañinas, señaló, es que un Mediterráneo tan cálido se convierte en el combustible perfecto para los fenómenos meteorológicos extremos, sobre todo de cara al otoño. Cuando se forman bolsas de aire frío en las capas altas de la atmósfera y se encuentran con ese mar muy caliente, se generan las danas; y cuanto mayor es la temperatura del agua, más energía inyecta el mar a la atmósfera, por lo que esos episodios resultan más destructivos.

A ello se suma la subida del nivel del mar, otro efecto del calentamiento. Vargas apuntó que, aunque los temporales de costa y el oleaje destructivo han existido siempre, si el nivel de partida es ahora mucho más alto, esas mismas tormentas provocan un daño mayor en las construcciones y las infraestructuras situadas en primera línea de playa.

El aumento de la temperatura también está alterando la vida marina. En Murcia se registró en julio un descenso del 15% en la captura de muchas especies de peces, que huyen de las aguas más cálidas. Las especies que prefieren temperaturas más bajas se desplazan hacia los polos, pero en el Mediterráneo chocan con las costas de Francia, Italia y Grecia y no pueden seguir subiendo, de modo que sus poblaciones sufrirán importantes descensos e incluso algunas podrían desaparecer.

La situación es aún más grave para las especies que no pueden moverse, como los corales, las gorgonias y las esponjas, que viven pegadas al fondo marino. Durante las olas de calor marinas, cuando las temperaturas extremas se mantienen durante muchos días seguidos, estos organismos padecen lo que se conoce como fenómenos de mortalidad masiva, concluyó el investigador.

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