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El líder evangélico estadounidense Franklin Graham, conocido como el pastor de Trump, llega a Madrid para encabezar un gran encuentro religioso este fin de semana. Su visita coincide con el notable crecimiento de la Iglesia evangélica en España, impulsado especialmente por la comunidad latinoamericana. Graham fue quien dirigió la oración en la segunda toma de posesión de Trump y rezó junto al presidente cuando comenzó la guerra contra Irán.
Una de las figuras religiosas más influyentes de Estados Unidos ha llegado a Madrid. Franklin Graham, conocido como el pastor de Trump, encabezará este fin de semana un gran encuentro evangélico en la capital española, en lo que constituye un evento significativo tanto en el ámbito religioso como en el político.
La relación de Graham con el presidente estadounidense es profunda y de larga data. Fue él quien se encargó de la oración durante la segunda toma de posesión de Trump como presidente. Cuando Washington inició la guerra contra Irán, líderes evangélicos, con Graham a la cabeza, rezaron junto al mandatario en el despacho oval para que le fuera bien en el conflicto.
La visita de Graham a España no es casual y coincide con un fenómeno notable: el crecimiento sostenido de la Iglesia evangélica en el país. Cada vez hay más lugares de culto, impulsados especialmente por la creciente comunidad procedente de América Latina que ha encontrado en estas iglesias un espacio de fe y comunidad.
Según los datos presentados por RTVE, el crecimiento se observa tanto en la comunidad inmigrante como en la española tradicional, aunque es algo mayor entre los recién llegados. La presencia e influencia de la Iglesia evangélica en la política, tan visible en Estados Unidos, comienza a generar interrogantes sobre si este mismo fenómeno podría reproducirse en el panorama político español.
Graham ha descrito su admiración por Trump sin matices. Nunca hemos tenido un presidente como él, ha afirmado el evangelista, añadiendo que está agradecido de que sea una persona que apoya la fe. Su presencia en Madrid refuerza los lazos transatlánticos del movimiento evangélico y confirma que España se ha convertido en un terreno fértil para la expansión de estas iglesias en Europa.