Cien años después de su nacimiento, una novela sigue unida para siempre a Pamplona y a sus fiestas. Fiesta, el libro con el que Ernest Hemingway se dio a conocer al mundo, cumple un siglo, y lo hace precisamente cuando la capital navarra vuelve a llenarse de gente para vivir unos Sanfermines que el escritor estadounidense contribuyó a hacer universales.
Hemingway escribió la obra en apenas unos meses, poco después de descubrir los Sanfermines. Por entonces era un joven reportero casi desconocido, lejos aún de la fama literaria que le llegaría con los años. Aquella novela marcaría el inicio de una carrera que, con el tiempo, acabaría llevándole a ganar el premio Nobel de Literatura.
Su llegada a Pamplona no fue casual. Según se recuerda, viajó hasta la ciudad por recomendación de la escritora Gertrude Stein, que le animó a acercarse hasta allí porque, le dijo, ocurría algo especial. Ese algo era el encierro, y el joven Hemingway quedó de inmediato prendado tanto de la ciudad como del ambiente de las fiestas.
A partir de esa fascinación construyó una historia protagonizada por un grupo de personajes de la llamada generación perdida, aquella juventud desencantada tras la Primera Guerra Mundial. La trama sigue sus pasos en un viaje entre Francia y España que desemboca precisamente en Pamplona, con las fiestas y el encierro como telón de fondo de sus tensiones y desengaños.
El impacto del libro fue enorme y duradero. La novela cambió para siempre el destino de Pamplona, que quedó situada en el mapa como un lugar soñado para miles de lectores, primero del mundo anglosajón y, más tarde, del resto del planeta. Muchos empezaron a viajar hasta la ciudad atraídos precisamente por las páginas del escritor.
Quienes conocen bien las fiestas aseguran que ese efecto sigue vivo. Cuentan que aún llega gente que ha leído la novela y que explica que necesita vivir lo que vivió aquel hombre, recorrer los mismos lugares y sentir lo que él sintió, en una peregrinación literaria que se repite verano tras verano por las calles de la capital navarra.
Un siglo después, el legado de aquella obra permanece intacto. Sus páginas proyectaron internacionalmente la emoción del encierro y el ambiente de unas fiestas que hoy figuran entre los grandes símbolos de la cultura española, prueba de cómo un puñado de capítulos escritos por un reportero primerizo terminaron transformando la imagen de toda una ciudad.
