En Santiago de Compostela ha saltado la polémica por la instalación de unos tubos en las gárgolas que coronan el Hostal dos Reis Católicos, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad. La intervención, visible desde la calle, ha dividido las opiniones entre quienes la defienden por motivos técnicos y quienes la ven como una agresión a uno de los conjuntos monumentales más conocidos del casco histórico.
El arquitecto responsable, Fernando Cobos, defiende que los tubos se colocaron como la mejor solución para proteger la fachada del edificio del agua de la lluvia. Cobos ha roto su silencio para responder a las críticas y reconoce que le sorprendió la polémica generada, recordando que el mundo está lleno de caños metálicos en gárgolas de otros edificios.
Para justificar su decisión, el arquitecto ha ido desmontando una a una las alternativas que se plantean. Una de ellas sería quitar las gárgolas originales y colocar otras más grandes, una opción que, según explica, se llevó a cabo en Notre Dame y en las catedrales de Burgos y León, pero que asegura que está dando muchos problemas. Tampoco es partidario de que las gárgolas pierdan su función original.
Cobos rechaza igualmente la posibilidad de instalar bajantes ocultas, ya que ello obligaría, según sus palabras, a rasgar el edificio renacentista por 16 sitios para meter una bajante dentro del muro. Y se muestra en contra de los canalones visibles, al considerar que tendrían un impacto mayor que el de los propios tubos que ahora están en el punto de mira.
Vecinos y visitantes, sin embargo, no comparten esa visión. En la Plaza del Obradoiro muchos aseguran que todavía no se han acostumbrado a la imagen y que la intervención les sigue molestando cada vez que levantan la vista hacia el edificio. Las reacciones recogidas hablan de un ataque al patrimonio y de una de las soluciones más desafortunadas que han visto.
La mayoría de quienes se han pronunciado piden que los tubos se retiren y que se busque otra fórmula que respete la imagen histórica del conjunto. La controversia mantiene enfrentadas la lógica técnica de proteger la piedra frente al agua y la voluntad de preservar sin alteraciones visibles uno de los símbolos de Santiago de Compostela.
