El papa León XIV ha llegado al centro penitenciario de Brians I, en Sant Esteve Sesrovires, en una visita que tiene un carácter inédito. Es la primera vez que un papa visita una cárcel en el Estado español, un gesto que se enmarca en su intensa jornada en Cataluña.
El pontífice ha llegado con puntualidad al centro y, a su llegada, ha bajado la ventanilla del vehículo oficial para saludar a las personas que lo esperaban. Por razones de seguridad, no se ha permitido la presencia de público en el exterior, por lo que quienes lo recibían eran básicamente medios de comunicación.
Tras saludar, el papa ha entrado en las instalaciones, donde está previsto que realice un breve recorrido por la prisión a bordo del vehículo antes de su encuentro con los reclusos. Se trata de una imagen poco habitual, la de un papa dentro de un centro penitenciario del Estado español.
Aunque es la primera vez que ocurre en España, no es la primera cárcel que visita León XIV. Hace unos meses tuvo ocasión de visitar también un centro penitenciario, en aquel caso en Guinea Ecuatorial, de modo que el contacto con personas privadas de libertad no le resulta ajeno.
Entre las autoridades que han recibido al papa se encuentran el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, y el conseller Ramon Espadaler, que ha sido una de las personas que ha facilitado toda la logística de una actividad organizada prácticamente a última hora y que estaba en el centro desde primera hora de la mañana. También ha acudido el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
A ellos se suma el obispo de Sant Feliu, la autoridad eclesiástica de la zona a la que pertenece Sant Esteve Sesrovires y que ha participado en la visita. Al acto, celebrado en el teatro del centro, han asistido unos ochenta internos, entre ellos mujeres y hombres de Brians I, Brians II y la prisión de mujeres de Barcelona, personas que habitualmente acuden a las eucaristías de los fines de semana.
Uno de los momentos más emotivos ha llegado con los testimonios de varias internas, como Josefina y Montse, que han compartido directamente con el papa cómo la fe las está ayudando a sobrellevar la dureza de la vida en prisión. En sus relatos han hablado del sufrimiento, de la pérdida y de cómo, dentro de la cárcel, han vuelto a creer y a encontrar fuerzas.
Tras escucharlas, el papa León XIV se ha dirigido a los presos. Les ha dicho que todo ser humano es digno por el mero hecho de haber sido querido, creado y amado por Dios, y que no existe ninguna situación que haga al Señor apartar de ellos su mirada. Ha subrayado que su amor misericordioso está siempre por encima del bien o del mal que se haya hecho.
El pontífice, de la orden de san Agustín, ha recordado las Confesiones del santo para señalar que los errores de la vida no determinan la identidad de una persona y que el pasado no condena el futuro. A cada uno de los internos le ha dirigido un mensaje directo: Dios te ama como eres, pero te sueña mejor, ha dicho, e insistido en que el Señor permite siempre empezar de nuevo.
León XIV ha añadido que ser cristiano no consiste en no equivocarse, sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y perdonar. Antes de despedirse, ha encomendado a los presos a la intercesión de Nuestra Señora de la Merced y les ha impartido su bendición.
La parada en Brians I ha sido solo una de las citas de una jornada cargada para León XIV en Cataluña, que después continúa en el monasterio de Montserrat y culminará por la tarde con la bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Família. La visita a la cárcel queda, sin embargo, como uno de los momentos más singulares del día.
