Este lunes 1 de junio se cumplen 100 años del nacimiento de Norma Jeane Mortenson, la mujer que el mundo conocería como Marilyn Monroe y que se convertiría en el icono más perdurable de la historia de Hollywood. Nacida en Los Ángeles en 1926, su vida estuvo marcada desde el principio por la inestabilidad, los abusos y la soledad, circunstancias que forjarían tanto su vulnerabilidad como su extraordinaria capacidad para brillar ante las cámaras.
La belleza la convirtió en icono, la tragedia la convirtió en leyenda. Con su pelo rubio platino y sus labios rojos, Monroe trascendió el cine para convertirse en un símbolo cultural que pervive un siglo después de su nacimiento. Su interpretación del cumpleaños feliz al presidente John F. Kennedy sigue siendo uno de los momentos más icónicos de la cultura popular del siglo XX.
Tras una infancia marcada por hogares de acogida y una juventud llena de dificultades, Norma Jean se reinventó como Marilyn Monroe y conquistó Hollywood con películas como Los caballeros las prefieren rubias y La tentación vive arriba. Su magnetismo en pantalla era tal que parecía disimular la profunda tristeza que arrastraba en su vida personal, atrapada en un estereotipo que ocultaba a una mujer mucho más compleja de lo que el público imaginaba.
Monroe falleció el 4 de agosto de 1962 con tan solo 36 años, en circunstancias que aún hoy alimentan teorías y especulaciones. Su muerte prematura no hizo sino multiplicar su leyenda, convirtiendo su figura en un símbolo de las contradicciones de la fama: la estrella más deseada del mundo que nunca encontró la felicidad personal que buscaba.
Cien años después de su nacimiento, Marilyn Monroe continúa siendo eterna. Su imagen sigue apareciendo en exposiciones, documentales y homenajes en todo el mundo, recordando no solo a la actriz que iluminaba cada escena en la que aparecía, sino también a la mujer real que luchó contra sus demonios interiores en una época que no estaba preparada para escucharla.