Una nueva investigación ha detectado que, cuando se congela el pescado envuelto en plástico, parte de ese plástico acaba traspasando al alimento. Se suma así a la creciente evidencia sobre los riesgos de poner los alimentos en contacto con determinados envases.
Para el estudio, las investigadoras del CSIC reprodujeron una práctica muy habitual en los hogares. Se trata de guardar el pescado fresco en la nevera o en el congelador en bandejas, papel film o bolsas de plástico.
Sobre esos envases analizaron 49 sustancias químicas. Comprobaron que algunas de ellas pueden llegar a transferirse por completo al pescado.
Entre esas sustancias está el bisfenol A, un compuesto que hoy en día está prohibido para los usos en envases en contacto con alimentos. En el estudio se observó su migración al pescado, con el consiguiente riesgo para la salud humana.
Los efectos asociados a este compuesto son diversos. Según se ha explicado, puede producir efectos en la reproducción, problemas cardiovasculares, problemas de hiperactividad o falta de atención en los niños y, además, está relacionado con el cáncer de mama y de próstata.
Los bebés y los niños son los más vulnerables al bisfenol A. Como tienen menos peso corporal, una misma cantidad representa una dosis mucho más alta para su organismo. La Unión Europea prohibió el bisfenol A en 2025 en los materiales en contacto con alimentos, aunque algunos fabricantes disponen de plazos de adaptación que se alargan hasta 2028.
El estudio también aporta una pauta práctica: cuanto más tiempo está el pescado en contacto con el envase, más contaminantes pasan. Para evitarlo, se recomienda congelar los alimentos en recipientes de vidrio o en bolsas de tela. Las autoras concluyen que hay que revisar con más atención los materiales que se usan para conservar alimentos, sobre todo los congelados, y reclaman ampliar la investigación a otros productos como los lácteos y las carnes.
