El último informe anual del consumo alimentario elaborado por el Ministerio de Agricultura refleja que los españoles se están alimentando de una manera cada vez más saludable, aunque esa mejora en los hábitos tiene un precio claro para el bolsillo: a lo largo del último año el gasto en la cesta de la compra ha aumentado casi un 5%.
Según los datos recogidos en el estudio, cada español consumió de media 682 kilos de comida y bebida a lo largo del último año y destinó a la alimentación más de 2.800 euros. En su conjunto, el país entero se alimenta con casi 31.000 millones de kilos de comida y bebida a lo largo de un mismo año.
El informe también dibuja diferencias territoriales en la manera de comer y de gastar de los españoles. Los que más cantidad de comida consumen son los habitantes de las islas, es decir, de Baleares y de Canarias, mientras que los que más dinero destinan a la alimentación son los residentes en Navarra y en Cataluña.
En el capítulo de la salud, el documento apunta que la alimentación es cada vez más equilibrada. Un 67% de los consultados asegura que disfruta siguiendo una dieta sana y uno de cada cuatro españoles reconoce estar a dieta, al tiempo que se practica más deporte. En la cesta entran ahora más legumbres y fruta fresca y menos grasas y aceites.
Pese a esa búsqueda de una dieta más sana, la cocina tradicional mantiene todo su peso en la mesa. El 42% de los platos que se preparan en los hogares son típicamente españoles, algo que los propios consumidores atribuyen a que son los más fáciles de cocinar, los más fáciles de comprar y los que tienen más a mano en el día a día.
Los bocadillos siguen siendo un recurso muy habitual, sobre todo entre quienes trabajan. El 40% de la población los toma al menos dos veces por semana y el favorito es, sin ninguna duda, el de jamón, valorado como una opción asequible y que, según los propios consumidores, resulta además sana y no excesivamente cara.
El desayuno es otra de las comidas que retrata el informe: más del 93% de los españoles lo toma en casa. Entre semana priman los dulces y la rapidez por las prisas de primera hora, mientras que el fin de semana se reserva para desayunos más pausados y salados. Con todo, esa mejora general de los hábitos se traduce en un gasto casi un 5% mayor en la cesta de la compra.
