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España aprueba una nueva ley antitabaco que regula los vapeadores

España aprueba una nueva ley antitabaco que regula los vapeadores

El Consejo de Ministros ha aprobado una nueva ley antitabaco que equipara los vapeadores, el tabaco calentado y las bolsas de nicotina al cigarrillo tradicional. La norma amplía los espacios libres de humo a terrazas, playas y parques, y prohíbe expresamente el consumo a los menores.

El Consejo de Ministros ha aprobado una nueva ley antitabaco que actualiza la normativa vigente desde 2010 y que, por primera vez, equipara al cigarrillo tradicional los dispositivos que se han generalizado en los últimos años. La reforma, presentada junto a una nueva ley del medicamento, incorpora de manera expresa los vapeadores, el tabaco calentado, las bolsas de nicotina y los productos de hierbas, además de los aparatos que se utilizan para consumirlos. El Gobierno sostiene que la nicotina resulta igual de nociva y adictiva con independencia de que proceda de un cigarrillo clásico, de un vapeador o de una bolsa, de modo que todos estos productos deben quedar sometidos a las mismas exigencias sanitarias.

El Ejecutivo ha subrayado que han pasado dieciséis años desde la última ley y que la realidad del tabaquismo ha cambiado por completo. A lo que antes era únicamente el cigarrillo de combustión se han sumado los vapeadores, el tabaco calentado, las bolsas de nicotina, los productos de hierbas y los dispositivos desechables, que resultan especialmente atractivos para los más jóvenes. Con esta actualización, el Gobierno afirma perseguir un objetivo claro: proteger mejor la salud pública y avanzar hacia una generación libre de tabaco.

Los responsables de Sanidad han recordado la magnitud del problema que motiva la reforma. El tabaquismo continúa siendo uno de los principales factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares, es el factor de riesgo del treinta por ciento de los cánceres que se diagnostican en el país y está detrás de buena parte de las patologías respiratorias. Según los datos aportados, provoca cincuenta mil muertes al año y sigue siendo el principal factor de riesgo evitable para la salud, un dato que, aseguran, comparten los cardiólogos con independencia del país en el que ejerzan.

La norma articula tres grandes avances. El primero consiste precisamente en esa equiparación regulatoria de todos los productos relacionados con el tabaco, de manera que las mismas medidas exigentes que se aplican al cigarrillo convencional pasen a regir también para las bolsas de nicotina, los vapeadores, los productos de hierbas calentadas y los dispositivos empleados para su consumo. El objetivo es cerrar las lagunas legales que estos nuevos productos habían aprovechado hasta ahora.

El segundo avance amplía de forma notable los espacios libres de humo y de emisiones. La protección se extiende a las terrazas de bares y restaurantes, las marquesinas, los andenes, los campus universitarios, las instalaciones deportivas, las piscinas, las playas, los parques nacionales, los espacios exteriores de ocio, los centros de trabajo y vehículos de transporte como los taxis y los VTC. La norma fija además una distancia mínima de quince metros en el entorno de los hospitales, los centros educativos y los edificios públicos, y suprime la excepción que hasta ahora amparaba a los clubes privados de fumadores.

El tercer bloque de medidas afecta a la publicidad, la promoción y la venta. La ley coloca los nuevos productos al mismo nivel que el tabaco tradicional, veta su publicidad en internet y en las redes sociales y endurece las restricciones sobre la promoción indirecta y las ofertas comerciales pensadas para atraer a nuevos consumidores. También limita los puntos de venta: hasta ahora un vapeador o una bolsa de nicotina podían adquirirse en prácticamente cualquier comercio, mientras que a partir de la reforma solo podrán venderse en establecimientos especializados y debidamente autorizados. La norma prohíbe además de forma expresa el consumo de estos productos por parte de los menores, y no solo su venta, como sucedía hasta ahora.

El Gobierno ha cifrado también el impacto económico de la reforma. Calcula que el conjunto de estas políticas generará un ahorro sanitario directo de entre cien y doscientos millones de euros al año, unos recursos que, según ha indicado, se podrán dedicar a atender otras necesidades del sistema en lugar de tratar enfermedades evitables, entre ellas patologías respiratorias, cardiovasculares y la aparición de nuevos tumores.

El Ejecutivo ha situado la nueva norma en la estela de las leyes de 2005 y de 2010, que cambiaron la relación de los españoles con el tabaco. Ha recordado que en su momento hubo augurios apocalípticos que anunciaban el fin de los bares o incluso de la empresa privada, pronósticos que no se cumplieron, y ha defendido que hoy nadie querría volver a una época en la que se podía fumar en bares, restaurantes, hospitales, universidades y aulas. Con esta reforma, sostiene, se responde a una realidad que ha vuelto a cambiar y se da un nuevo paso para proteger el aire limpio en los espacios compartidos.

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