Una imagen sencilla puede valer, a veces, más que muchas palabras. Bajo esa idea, los pictogramas se están abriendo paso en la atención sanitaria para facilitar la relación con las personas con trastorno del espectro autista, y muy especialmente con los niños. El objetivo es que una consulta médica deje de ser una experiencia angustiosa y se convierta en un espacio comprensible y previsible.
La razón de fondo es que algunas personas con TEA encuentran serias dificultades para expresarse en el entorno sanitario. Les cuesta comunicar dónde y cuánto les duele, entender qué les van a hacer o seguir las explicaciones de los profesionales. Utilizar materiales adaptados y accesibles, señalan los impulsores de estas iniciativas, ayuda a reducir esa incertidumbre y favorece que el paciente comprenda cada paso.
En Guadalajara, uno de estos programas ya está en marcha en varios puntos de la red pública. Funciona tanto en el hospital como en el Instituto de Enfermedades Neurológicas de la ciudad y en el Centro de Salud de Sigüenza, de modo que los pacientes pueden encontrar el mismo apoyo visual en distintos niveles de la atención, desde el ambulatorio hasta el ámbito hospitalario.
Para ponerlo en marcha, los responsables partieron de los iconos que ya existían y los adaptaron para hacerlos más claros y universales, con la intención de que resultaran útiles para el mayor número posible de personas. No se trataba, explican, de inventar nada nuevo, sino de transformar esas imágenes en una herramienta al servicio de los pacientes y de quienes los atienden.
La Rioja es otra de las comunidades que ha apostado por esta fórmula. Allí, el proyecto Picteando Salud, una iniciativa del Departamento de Ciencias de la Educación de la Universidad de La Rioja en colaboración con la asociación ARPA Autismo, ha permitido elaborar materiales específicos dirigidos a los menores con TEA para acompañarlos en sus visitas médicas.
En este caso, el trabajo se ha centrado en dos ámbitos concretos: las consultas del pediatra y el servicio de salud bucodental. Los materiales incluyen un tablero con pictogramas y un proceso específico para cada uno de esos procedimientos, además de orientaciones dirigidas a los propios profesionales sobre cómo atender de forma adecuada a las personas con autismo.
Los dos ejemplos, el de Guadalajara y el de La Rioja, apuntan en la misma dirección. Para quienes están detrás de estos proyectos, los pictogramas tienen todavía mucho que decir a la hora de avanzar hacia una asistencia sanitaria más accesible e inclusiva, en la que las barreras de comunicación dejen de ser un obstáculo para que cualquier persona reciba la atención que necesita.
