Las elevadas temperaturas registradas en mayo, de entre diez y quince grados por encima de las habituales para esa época del año, provocaron la muerte de ciento una personas en España. La mayoría de las víctimas fueron mujeres mayores, según los datos presentados por el Ministerio de Sanidad.
Las zonas más afectadas fueron las del norte de España, incluyendo el País Vasco, Asturias y Galicia, regiones que están menos adaptadas a las olas de calor. Los expertos explican que cuando el calor extremo llega antes de lo esperado, el organismo aún no se ha aclimatado.
La ministra de Sanidad subrayó que los primeros episodios de calor extremo suelen tener un impacto sanitario especialmente elevado, precisamente por esa falta de adaptación fisiológica y social de la población ante temperaturas inusualmente altas.
Según los datos oficiales, el calor extremo ha aumentado un diez por ciento las hospitalizaciones y ha incrementado en un diecisiete por ciento los accidentes laborales. Estos efectos tienen además un componente socioeconómico significativo.
La ministra destacó que no se enfrenta de la misma manera una ola de calor desde una vivienda bien aislada que desde una vivienda precaria, ni tiene las mismas consecuencias para quien puede modificar sus horarios que para quien trabaja durante horas al aire libre.
Un colectivo especialmente sensible son los niños, por lo que la ministra ha pedido una adaptación de los centros educativos. El calor nos roba salud pero también nos está robando oportunidades educativas, afirmó, instando a las comunidades autónomas a impulsar sus planes de adaptación climática.
El verano meteorológico es actualmente casi seis semanas más largo que en los años ochenta. Por ello, el Plan Nacional de Prevención ante los efectos del calor en la salud permanecerá activado hasta septiembre y podrá extenderse hasta mediados de octubre si persisten las altas temperaturas.
