El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, ha viajado a Argelia con el objetivo de sellar el fin de la crisis diplomática que mantenía congeladas en buena medida las relaciones entre los dos países, y de abrir una nueva etapa en el trato bilateral.
La crisis se remonta a hace cuatro años y tuvo su origen en el cambio de la posición del Ejecutivo español sobre el Sáhara Occidental, un giro que sentó muy mal en Argel y que abrió un largo periodo de tensión entre ambas capitales.
Durante el encuentro, tanto Pedro Sánchez como el presidente argelino, Abdelmadjid Tebboune, han resaltado la relevancia de la cita, presentándola como el inicio de una nueva etapa en las relaciones entre España y Argelia.
En el corazón de ese acercamiento se sitúa la energía. Ambos gobiernos negocian aumentar las importaciones de gas argelino hacia España, un asunto de primer orden para el suministro energético del país en un contexto internacional marcado por la incertidumbre.
El peso de Argelia en el abastecimiento español es considerable, ya que se trata del principal proveedor de gas de España. Según los datos manejados, casi el 34% del total del gas importado por el país llega desde territorio argelino.
La relación, además, es de interés mutuo: España figura como el segundo cliente europeo de Argelia, lo que refuerza la importancia de mantener unos lazos estables y previsibles entre ambas orillas del Mediterráneo.
Con este viaje, Madrid busca cerrar de forma definitiva el capítulo de la crisis abierta por el Sáhara y reactivar la cooperación política, económica y comercial con Argel, más allá del terreno estrictamente energético.
