El Gobierno de Emmanuel Macron ha acusado de racismo al expresidente español Mariano Rajoy después de que este cuestionara la identidad de la selección francesa de fútbol en plena disputa del Mundial. En una crónica sobre el torneo, el exmandatario aseguró que el conjunto galo cuenta con una plantilla de altísimo nivel, eso sí, sin franceses, unas palabras que han provocado un fuerte malestar tanto en París como en Madrid y que han abierto un nuevo frente entre los dos países vecinos.
En su artículo de opinión, publicado en un medio digital, Rajoy sostuvo que la selección francesa juega muy bien y que será un rival formidable, pero acompañó ese elogio deportivo con el comentario sobre la ausencia de franceses en el equipo, en alusión a la diversidad de origen de sus jugadores. En el mismo texto dedicó también una pulla a Bélgica, cuyos futbolistas son conocidos como los diablos rojos, al afirmar que no le gustan ni los diablos ni los rojos.
La reacción del Ejecutivo francés no se hizo esperar. El ministro del Interior, Laurent Núñez, calificó las declaraciones de absolutamente inaceptables y defendió que Francia es un país de diversidad, donde todo el mundo puede desarrollarse y encontrar su lugar. Varios miembros del Gobierno de Macron se sumaron a las críticas, señalando que las palabras del expresidente español alimentan el discurso racista.
Aún más lejos fue la ministra de Ultramar, Naïma Moutchou, quien consideró que no se trataba de un simple desliz, sino de un odio metódico hacia la multiculturalidad de Francia. Por ello, instó a la Federación Francesa de Fútbol a emprender todas las acciones legales posibles contra Rajoy, en una respuesta que eleva el tono de la polémica y traslada el conflicto también al terreno judicial.
La embajada de Francia en España quiso responder con datos y recordó que, de los 26 jugadores convocados por la selección gala, 23 nacieron en territorio francés, mientras que los tres que vinieron al mundo en el extranjero son igualmente franceses. La controversia estalla además en vísperas de un viaje de Rajoy a París, previsto para el lunes y el martes con motivo de la celebración del Día Nacional de Francia.
En España, la polémica también tuvo eco en el Gobierno. El presidente Pedro Sánchez subrayó que España es de quien la ama y la trabaja, y no de quien la avergüenza con declaraciones xenófobas. En una línea similar se pronunció el ministro de Asuntos Exteriores, para quien todo aquello que encubra racismo resulta despreciable, en clara referencia a las palabras del exjefe del Ejecutivo.
El episodio ha reavivado el enfrentamiento político interno. Desde Podemos se denunció el racismo del Partido Popular, mientras que en las filas populares se defendió a Rajoy, con un diputado que restó importancia al asunto presentándolo como una broma y cargando contra Sánchez. La disputa, nacida de una crónica futbolística, se ha convertido así en un choque diplomático y político que enturbia las relaciones entre España y Francia en pleno Mundial.
