La política española vive una jornada de máxima tensión tras conocerse que Junts per Catalunya ha invitado formalmente al líder del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, a desplazarse hasta Waterloo, en Bélgica, para presentar los detalles de su propuesta de moción de censura directamente a Carles Puigdemont. Esta invitación supone un giro inesperado en la dinámica política nacional y ha generado un intenso debate tanto dentro como fuera del PP.
La noticia se produce en un momento en el que Feijóo se encontraba reunido con empresarios catalanes en Barcelona, intentando convencer a Junts de que arrime el hombro a una eventual moción de censura contra el gobierno de Pedro Sánchez. Sin embargo, la respuesta de Junts ha sido clara y directa: si el PP quiere negociar, debe hacerlo con el líder del partido, Puigdemont, en su residencia belga.
Lo que hace especialmente delicada esta situación es que el PP ha mantenido durante años una postura durísima contra Puigdemont, llegando a calificarlo de terrorista y organizando multitudinarias manifestaciones contra la ley de amnistía. Ahora, la posibilidad de que Feijóo viaje a Waterloo para negociar con él genera una contradicción difícil de explicar ante su base electoral y ante la opinión pública.
Paralelamente, el exministro José Manuel García-Margallo ha avivado el debate interno del PP al proponer públicamente la búsqueda de un candidato alternativo a Feijóo para liderar una moción de censura. Margallo argumenta que Feijóo no es capaz de atraer simultáneamente a Junts, al PNV y a Vox en torno a su figura, y que se necesita una personalidad políticamente más neutra para lograr una mayoría parlamentaria.
La propuesta de Margallo ha tenido un enorme recorrido en redes sociales, generando miles de comentarios y un intenso debate público. En Génova, la sede del PP, la iniciativa ha sido recibida con evidente malestar, ya que cuestiona directamente el liderazgo de Feijóo. Analistas políticos señalan que esta fisura interna podría debilitar la posición negociadora del partido ante posibles socios parlamentarios.
Desde el gobierno, la reacción ha sido de aparente serenidad mezclada con ironía. El ministro Bolaños ha afirmado que Feijóo está buscando atajos hacia la Moncloa y el apoyo de fuerzas políticas que querrían suicidarse de la mano de PP y Vox. La vicepresidenta Yolanda Díaz ha denunciado una campaña de acoso y derribo contra el gobierno y ha advertido que con la corrupción no se juega.
El PSOE y sus socios de investidura observan con atención estos movimientos. Desde el gobierno se lanzan guiños al PNV y a Junts, recordándoles que sin su apoyo no habrían sido posibles los logros legislativos de los últimos años. La cúpula judicial, que se manifestó contra la amnistía, también mira con asombro la posibilidad de que el PP negocie con quien hasta hace poco consideraba un prófugo de la justicia. La situación promete mantenerse en el centro del debate político durante los próximos días.
