La FIFA ha dado marcha atrás a su proyecto de privatizar el Mundial. La decisión llega ante el rechazo firme que la propuesta ha encontrado en la mayoría de las confederaciones y en los 55 países que integran la UEFA, cuya oposición se ha mantenido durante las últimas semanas y ha terminado por frenar la iniciativa.
En concreto, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, renuncia a la creación de una filial comercial para gestionar la Copa del Mundo. Esa sociedad iba a ser el instrumento con el que el organismo pretendía dar un giro a la explotación económica de su principal competición, y su abandono supone el punto central de la rectificación.
El aluvión de críticas recibido en las últimas fechas ha surtido efecto sobre la dirección de la FIFA. Según se ha trasladado, el plan de Infantino fracasa y el Mundial no se privatizará, después de que la presión de las federaciones y la ausencia de respaldo público dejaran la propuesta sin margen para salir adelante.
En un comunicado, la FIFA explica los motivos de la marcha atrás. El organismo señala que, tras evidenciarse que el proyecto ha generado divisiones en el fútbol, la propuesta de vender el Mundial no saldrá adelante, reconociendo así de forma expresa el rechazo interno que había suscitado la operación entre sus propios miembros.
La rectificación es leída como una derrota que celebra la UEFA. En un mensaje, la confederación europea critica el acuerdo que califica de mezquino, opaco y de despacho, un pacto que, según denuncia, urdió e intentó imponer Infantino y que estuvo, a su juicio, muy lejos de ser transparente en su elaboración.
La UEFA no se limita a celebrar el paso atrás, sino que va más allá en su reacción. En el mismo mensaje añade que deben exigir cuentas a los responsables de la iniciativa y crear un plan que sirva para evitar que una operación de estas características vuelva a plantearse en el futuro dentro del organismo.
El proyecto ahora abandonado consistía en la creación de una filial con la que la FIFA quería atraer inversores externos, prometiendo a cambio más dinero para las asociaciones nacionales. La oposición frontal de varias confederaciones y la falta de apoyos públicos han truncado, al menos de momento, el plan impulsado por Infantino.
