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El Vendrell acoge el Campeonato de Cataluña de patí de vela con Dani Anglada, el primer regatista invidente que compite en una cita catalana

El Vendrell acoge el Campeonato de Cataluña de patí de vela con Dani Anglada, el primer regatista invidente que compite en una cita catalana

El Vendrell, Ciudad Europea del Deporte 2026, ha estrenado este fin de semana una cita deportiva inédita, el Campeonato de Cataluña de patí de vela. La competición reúne a una ochentena de regatistas y destaca por la participación de un deportista invidente, en una jornada que combina deporte, inclusión y mar. Dani Anglada es el primer regatista invidente que compite en un campeonato de Cataluña. Hace ocho años perdió la vista de forma muy traumática, cuando estaba embarcado como oficial en un buque mercante y le explotó un extintor. El patí de vela está pensado para una sola persona, pero para que Dani pueda navegar lo acompaña una guía que lo orienta indicándole las horas, de manera que a las ocho se encuentra la boya.

El Vendrell, que este año es Ciudad Europea del Deporte 2026, ha estrenado este fin de semana una cita deportiva inédita. Se trata del Campeonato de Cataluña de patí de vela, una competición que reúne a una ochentena de regatistas y que ha destacado, sobre todo, por una jornada en la que se han combinado el deporte, la inclusión y el mar.

El gran protagonista de esa apuesta por la inclusión ha sido Dani Anglada. Su presencia tiene un valor especial, ya que es el primer regatista invidente que compite en un campeonato de Cataluña, un hito que convierte esta edición en una cita diferente a las anteriores.

Detrás de su participación hay una historia personal marcada por un golpe muy duro. Hace ocho años, Dani perdió la vista de forma muy traumática: estaba embarcado como oficial en un buque mercante cuando le explotó un extintor. Para él, navegar tiene que ver con la autonomía y con la capacidad de querer seguir viviendo, hasta el punto de describirlo como volver a vivir.

Para que Dani pueda competir, ha sido necesario adaptar la forma de navegar. El patí de vela está pensado para una sola persona, pero en su caso lo acompaña una guía que lo orienta indicándole las horas como referencia, de manera que, por ejemplo, a las ocho se encuentra la boya. Quienes le acompañan destacan la sensibilidad y la ilusión que pone en cada salida.

La cita también ha servido para visibilizar la presencia femenina en una disciplina muy masculinizada. El patí de vela lo practican más hombres que mujeres, pero hay excepciones como Cristina Alzius, una de las pocas mujeres que hoy compite y que describe la experiencia como una sensación brutal, en la que se queda a solas con la naturaleza.

La embarcación que protagoniza el campeonato tiene unas características muy concretas. El patí de vela mide casi seis metros y tiene un peso mínimo de 89 kilos, está hecho normalmente de madera y de fibra, y no dispone de timón ni de motor, por lo que se dirige a partir del propio peso del patrón, algo que exige muchas horas de práctica.

En cuanto a la competición, las regatas se disputan en un circuito marcado con boyas. Los patinaires se colocan en línea y, cuando suena el claxon en el barco del jurado, salen a navegar para llegar a la boya, demostrando sus habilidades al moverse en contra del viento, a favor y también a través de él.

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