Los Mossos d'Esquadra investigan la muerte de dos hermanos gemelos de once años que se ahogaron mientras se bañaban en el río Ter a su paso por la localidad barcelonesa de Manlleu. Lo que había comenzado como una jornada de baño en el río acabó convirtiéndose en una tragedia, después de que los dos menores desaparecieran en el agua y se activara un dispositivo de búsqueda que finalmente se saldó con el peor de los desenlaces posibles, el hallazgo de sus cuerpos sin vida.
Fueron la unidad de drones y la unidad subacuática de la policía autonómica las que localizaron los dos cuerpos sin vida en el lecho del río. La combinación de medios aéreos, con drones que permiten rastrear la superficie y las orillas desde el aire, y de buceadores especializados capaces de inspeccionar el fondo del cauce resultó determinante para dar con los menores en un entorno acuático que dificulta enormemente cualquier labor de localización y rescate.
Junto a los cuerpos, los agentes encontraron además varias prendas de ropa que podrían pertenecer a los dos hermanos. Ese detalle refuerza la hipótesis de que los menores se habían despojado de parte de su ropa para meterse en el agua, tal y como es habitual cuando alguien se dispone a bañarse, y contribuye a reconstruir la secuencia de lo ocurrido en las horas previas a que se diera la voz de alarma por su desaparición en el río.
Según las primeras informaciones, todo apunta a que ambos cadáveres corresponden a la descripción de los dos hermanos desaparecidos mientras se bañaban en el Ter. No obstante, serán las pruebas forenses las que confirmen de manera definitiva la identidad de los fallecidos, ya que en este tipo de casos la identificación formal no se da por cerrada hasta que no se completan los correspondientes exámenes, por más que todos los indicios apunten en una misma dirección.
La autopsia será también la encargada de determinar con precisión las causas de la muerte y de aportar datos sobre cómo se produjo el ahogamiento. Los investigadores tratan de esclarecer en qué punto exacto del cauce se metieron los menores, si pudieron verse arrastrados por alguna corriente o quedar atrapados en una zona más profunda de lo que aparentaba, y si había algún adulto cerca en el momento en que los dos hermanos perdieron pie y desaparecieron bajo el agua.
El hallazgo de los cuerpos pone fin a la angustiosa búsqueda de los pequeños, pero abre al mismo tiempo el proceso para aclarar todas las circunstancias de la tragedia. El caso vuelve a poner el foco sobre los riesgos que entraña el baño en ríos y espacios naturales, donde las corrientes, los cambios bruscos de profundidad y la falta de vigilancia pueden convertir una tarde de verano en un accidente mortal, especialmente cuando los bañistas son menores de edad.
