La ONG española Open Arms ha llegado a La Habana con siete toneladas de ayuda destinadas a un hospital infantil. Su barco, el Astral, ha entrado en la bocana del puerto de la capital cubana después de 28 días de travesía, en una operación de la que ha sido testigo un equipo de televisión española durante el desembarco.
El Astral ha arribado a un puerto descrito como triste, al que ya apenas llegan barcos. La embarcación transporta placas solares para hacer frente a los apagones y, según la propia organización, también un mensaje al mundo sobre la situación que atraviesa la población de la isla.
El objetivo principal del envío es que la unidad de cuidados intensivos del hospital pediátrico no se detenga en ningún momento. Con las placas solares se busca garantizar el suministro eléctrico del centro y superar así los continuos cortes de luz que paralizan buena parte de la vida cotidiana en Cuba.
La donación se ha dirigido específicamente a este hospital pediátrico porque, según se ha expuesto, la mitad de los cubanos sufre enfermedades crónicas y, dentro de la población, los más vulnerables son los niños. La ayuda pretende aliviar, al menos en parte, las carencias que afronta la atención sanitaria infantil.
Desde la organización han insistido en el carácter humanitario de la misión. Uno de sus integrantes ha asegurado no entender dónde queda la política ante lo que ha visto, y ha relatado haber encontrado a niños con cáncer sin poder ser atendidos y incubadoras en condiciones que consideraba lamentables. Esto no es político, esto es humanidad, ha resumido.
En el propio centro sanitario, el personal ha explicado que trabaja con lo poco que tiene y que organiza los escasos recursos disponibles en función de cada paciente. El equipo se ha preparado para recibir el material y ponerlo cuanto antes al servicio de los niños ingresados.
La llegada del Astral se produce en un contexto en el que el bloqueo petrolero impuesto por Estados Unidos agrava la situación humanitaria en la isla y tiene un fuerte impacto en su sistema de salud. La falta de energía se traduce en apagones constantes que complican el funcionamiento de hospitales y servicios básicos, y que convierten iniciativas como esta en un balón de oxígeno para los centros más afectados.
