Un nuevo estudio sobre la economía de las familias en España dibuja un retrato de fragilidad financiera en muchos hogares. Según sus conclusiones, un tercio de los hogares españoles se sostiene con un solo sueldo, una situación que deja a esas familias con una capacidad económica muy ajustada. Para muchas de ellas, llegar a fin de mes cubriendo la renta, la luz o el agua se ha convertido en un esfuerzo constante.
Los datos sobre los ingresos más bajos resultan especialmente llamativos. El estudio señala que el 12% de las familias vive con 1.000 euros o menos para llegar a fin de mes, una cifra que se ha duplicado respecto a hace tres años. A ese grupo se suma un 38% de hogares que cubre sus gastos con menos de 2.000 euros, lo que refleja hasta qué punto se han estrechado los presupuestos domésticos.
La presión sobre las economías domésticas es tal que una parte de los hogares ha necesitado ayuda externa. De acuerdo con el estudio, el 15% de los hogares ha recibido apoyo económico para hacer la compra o pagar el alquiler. Se trata de familias que, pese a contar con ingresos, no logran cubrir por sí solas necesidades básicas del día a día.
Con ingresos tan ajustados, la capacidad de ahorro prácticamente desaparece. El informe indica que una cuarta parte de los hogares es incapaz de guardar un solo euro, mientras que una tercera parte apenas consigue ahorrar el 10% de lo que ingresa. Pocos ingresos se traducen, de forma directa, en muy pocos ahorros para hacer frente al futuro.
Esa falta de colchón económico deja a las familias muy expuestas ante cualquier gasto inesperado. Según el estudio, si una contingencia supera de golpe los 5.000 euros, uno de cada cuatro hogares no podría afrontarlo. Incluso con cantidades menores el problema persiste, ya que un 7% no podría hacer frente a un imprevisto de 1.000 euros y otro 7% tendría dificultades si el gasto fuera de tan solo 500 euros.
Entre todos los gastos, hay uno que destaca por encima del resto a la hora de tensar las cuentas familiares. El estudio apunta que el gasto más desbocado es la vivienda, un factor que condiciona buena parte de las decisiones económicas de los hogares. El coste de la casa se ha convertido en el principal obstáculo para que muchas familias puedan equilibrar sus presupuestos.
Esa presión del precio de la vivienda está empujando a numerosas familias a cambiar su forma de vida. De hecho, el 40% de las familias ha tenido que mudarse hacia una vivienda más pequeña, más alejada o incluso a compartir piso. Son decisiones que reflejan cómo, ante la imposibilidad de asumir los costes actuales, muchos hogares se ven obligados a renunciar a parte de su espacio o de su comodidad para poder seguir adelante.
