El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha vuelto a cargar contra España, esta vez desde la cumbre de la OTAN que se celebra en Ankara. Según lo retransmitido por RTVE, en un nuevo ataque ha calificado al país de socio terrible y ha anunciado que va a ordenar cerrar las relaciones comerciales entre ambos países. Las palabras las pronunció esta misma mañana junto al secretario general de la Alianza Atlántica, Mark Rutte, poco antes de la tradicional foto de familia de los líderes.
El envite se produce en plena polémica por el gasto militar, que domina buena parte de las conversaciones de esta cumbre. El Gobierno español sostiene que cumplirá los objetivos con un 2,1 por ciento del PIB y no piensa moverse de ese techo, al considerar que ir más allá pondría en peligro el estado del bienestar. Frente a esa posición, Washington viene reclamando compromisos de gasto mucho más elevados, y Trump reprocha a España que, a su juicio, no aporta lo que le corresponde dentro de la Alianza.
La amenaza afecta de lleno al terreno económico. Las relaciones comerciales entre España y Estados Unidos se valoran en torno a los 68.000 millones de euros, una cifra que da idea de la magnitud de lo que el presidente estadounidense pone sobre la mesa al hablar de romper esos vínculos. El anuncio, por su rotundidad, ha generado inmediata inquietud y ha situado a España en el foco de la jornada en Ankara.
Aun así, distintos analistas consultados por RTVE se muestran escépticos sobre la viabilidad de la medida. Recuerdan que resulta difícilmente legal decir que no se comercia con una de las veintisiete naciones que integran la Unión Europea, y también difícilmente creíble. Subrayan que las decisiones unilaterales contra un país como España, que actúa bajo el paraguas comunitario, son muy complicadas, por lo que la amenaza, en principio, tendría pocos visos de prosperar y no debería tener efectos prácticos inmediatos.
No es la primera vez en esta cita que Trump apunta a los socios europeos. La víspera ya se había referido a varios de ellos, aunque en aquel momento no mencionó a España. Fuentes del Gobierno reconocían que no había que dar nada por hecho, conscientes de que el mandatario estadounidense resulta imprevisible y de que su discurso podía girar en cualquier momento hacia Madrid, como finalmente ha ocurrido.
Pese al tono del ataque, la coreografía de la cumbre obliga a la convivencia. Trump y el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, están llamados a compartir plano en la foto de familia del encuentro, mientras el propio Rutte y el anfitrión, el presidente turco Recep Tayyip Erdogan, van recibiendo a cada uno de los asistentes. La escena resume la tensión de una cumbre en la que las cuentas de la defensa y los reproches personales se han mezclado con la agenda oficial de la Alianza.
