El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha roto su silencio en una entrevista concedida a RTVE, la primera que ofrece después de haber sido imputado y de haber declarado ante el juez por el rescate de la aerolínea Plus Ultra. La conversación tuvo lugar en el programa Mañaneros, donde el exjefe del Ejecutivo defendió su inocencia y negó cualquier implicación en el rescate de la compañía. Su comparecencia pública se produce en un momento en el que la instrucción del caso mantiene bajo el foco tanto a él como a personas de su entorno.
Zapatero fue tajante al rechazar que hubiera participado en la operación de rescate de la aerolínea. Según sus palabras, no habló con nadie de la SEPI, la sociedad estatal a través de la cual se canalizó la ayuda, ni con el Gobierno ni con ninguna autoridad pública en relación con el asunto. El expresidente subrayó que no se trata de que no ejerciera influencia, sino de que sencillamente no mantuvo conversación alguna sobre el rescate, en un intento de desligarse por completo de la decisión que hoy investiga la justicia.
El relato del expresidente choca con el de otro de los investigados. Su amigo Julio Martínez Martínez habría declarado ante el juez que Zapatero no solo manejaba el rescate, sino también un análisis relevante sobre la operación. Preguntado por esa versión, el exdirigente socialista respondió que tanto él como Martínez figuran como investigados en la causa y que cada uno cuenta con su propia estrategia de defensa, sin entrar a desmentir en detalle lo declarado por su conocido.
La instrucción también ha alcanzado a las hijas del expresidente, igualmente imputadas en el procedimiento. Zapatero negó de forma rotunda que las hubiera utilizado como testaferros, es decir, como personas que figuran formalmente en operaciones para ocultar al verdadero responsable. Rechazó de plano esa hipótesis y la calificó como algo que ni siquiera podría haber pasado por su cabeza, defendiendo así a su familia frente a las sospechas planteadas en la causa.
Uno de los puntos más delicados de la entrevista fueron las joyas valoradas en 1.300.000 euros, sobre las que el expresidente no había dado explicaciones ante el juez. Zapatero anunció que presentará una tasación diferente, aunque no aclaró el origen de las piezas. Las describió como un regalo de cortesía, personal, de hace muchos años, y reconoció que quizá no debería haberlas aceptado. Llegó a afirmar que a estas alturas esas joyas le producen una alergia profunda, en alusión al problema en el que se han convertido.
El exjefe del Ejecutivo se refirió además a la difusión de datos personales ajenos a la causa, que a su juicio le han provocado un daño extraordinario, al quedar expuesta buena parte de su vida de los últimos dos años. Reivindicó la presunción de inocencia y recordó que, mientras no haya una sentencia firme, no delinque nadie. Dedicó también un mensaje al Partido Socialista, del que dijo sufrir al pensar que la formación pueda verse perjudicada por su situación, y descargó de responsabilidad a su secretaria, a la que definió como una trabajadora ejemplar y leal. Sobre las dudas expresadas por el expresidente Felipe González acerca de su capacidad para montar una ingeniería financiera, Zapatero respondió que en efecto él no sabría siquiera cómo operar una sociedad en el exterior.
La entrevista fue seguida con atención por los partidos, que reaccionaron de inmediato. Desde el PSOE cerraron filas con el expresidente y aseguraron mantener intacta su confianza en él, interpretando que su decisión de dar la cara demuestra que no tiene nada que ocultar. En el lado opuesto, el Partido Popular y Vox sostuvieron que Zapatero no ha aclarado nada y calificaron sus declaraciones de tomadura de pelo, vinculando su intervención a la situación del Gobierno. Sumar, socio del Ejecutivo, se mostró más prudente y consideró que aún quedan muchas incógnitas por despejar en torno al caso.
