En medio de la fiebre futbolera de esta temporada, hay un rincón de San Andrés Cholula, en Puebla, que rinde culto al fútbol de una manera muy particular. Allí se fundó hace algunos años la llamada iglesia maradoniana, concebida como un sitio de convivencia y de armonía y, sobre todo, como una parodia pensada para los aficionados y los amantes del balón que quisieran vivir su pasión de otra forma.
El recinto nació cuando Diego Armando Maradona dirigía a los Dorados de Sinaloa. En aquel entonces, el Diego conversó con Marcelo Huchet y, entre bromas, le dijo que ya se estaba tardando en fundar la iglesia. Aquel comentario, mitad chiste y mitad reto, terminó por dar vida a este espacio en territorio mexicano dedicado a la figura del astro argentino.
Al frente del lugar estuvo Vicente Avendaño, periodista que se autonombra director técnico espiritual. Él era el responsable de oficiar los actos que se celebraban en el recinto, ceremonias que llevaba a cabo con gente muy devota y, según relató, con todo el gusto, pues asegura que prácticamente todos los que han pasado por ahí terminaron convertidos en amigos suyos con el tiempo.
Entre esos actos destacaban las bodas y los bautizos celebrados al estilo maradoniano. Lejos de cualquier afán solemne, se trataba de una recreación lúdica y profundamente futbolera, en la que los fieles del balón podían casarse o bautizarse en honor al ídolo dentro de un ambiente festivo, pensado más para divertirse que para cualquier otra cosa.
Una de las particularidades que más se presume del lugar es que sus instalaciones son, según sus impulsores, las únicas en el mundo dedicadas a este culto. A diferencia de la iglesia maradoniana de Argentina, que no cuenta con un inmueble propio, la de Cholula sí dispone de un recinto especialmente destinado a tal efecto, algo que la vuelve un caso singular.
A lo largo de los años, el sitio atrajo a aficionados llegados de los más diversos lugares. Hubo seguidores y reporteros que viajaron desde Europa y que, con toda devoción, acudieron en una suerte de peregrinación futbolística hasta este punto de Cholula, del mismo modo en que otros viajan a los mundiales o a otros países para vivir de cerca el deporte que aman.
Quienes estuvieron al frente insisten en que nunca lucraron con la iglesia ni sacaron ventaja de ella. Para ellos, el verdadero valor del lugar estaba en la convivencia y en la pasión compartida por el fútbol, un fenómeno que, a su manera, recuerda que el deporte también es cultura e historia y un punto de encuentro entre personas de orígenes muy distintos.
