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El juego de pelota mesoamericano, mucho antes del fútbol

El juego de pelota mesoamericano, mucho antes del fútbol

El juego de pelota mesoamericano, antecesor lejano del deporte en México, funcionaba como una especie de voleibol en el que dos equipos rebotaban una pesada pelota golpeándola con la cadera y el brazo. Con balones de hasta cuatro kilos, los jugadores usaban protecciones de algodón o cuero. La tradición sobrevive hoy en el ulama de Sinaloa, Nayarit y Durango. En tiempos prehispánicos servía para evitar guerras, resolver disputas y, entre los mexicas, simbolizaba al sol y el equilibrio cósmico.

Mucho antes de que el fútbol se convirtiera en pasión nacional, México fue cuna de un deporte mucho más antiguo: el juego de pelota mesoamericano. No se conocen con precisión todas sus reglas, pero se sabe que funcionaba a la manera de una especie de voleibol, con una cancha dividida en dos partes y dos equipos enfrentados, posiblemente integrados por entre dos y cuatro jugadores cada uno.

La mecánica central del juego consistía en rebotar la pelota de un lado al otro de la cancha sin que diera más de dos rebotes. En la variante conocida como ulama, o ulamatsin, los jugadores solo podían golpear la pelota con la cadera y con cierta parte del brazo, una limitación que no era caprichosa, sino que respondía a una razón muy concreta ligada al propio implemento de juego.

Y es que la pelota distaba mucho de ser ligera, pues podía llegar a pesar entre dos y medio y cuatro kilogramos, de modo que si un jugador intentaba patearla o detenerla con la mano, corría el riesgo real de romperse los huesos. Para protegerse de semejante peso, los participantes recurrían a protecciones colocadas en la cadera, fabricadas con algodón o con cuero.

El juego, además, no era uno solo, sino que admitía diversas formas según la región de Mesoamérica. En el mural de Tepantitla, en Teotihuacán, hay representaciones de jugadores que usaban bastones de madera para golpear las pelotas, en algo parecido al cricket o al hockey sobre césped, lo que a su vez recuerda al juego de pelota purépecha que todavía se practica en regiones de Michoacán.

Lejos de ser una práctica extinta, la tradición ha logrado sobrevivir hasta nuestros días. En la actualidad, en zonas como Nayarit, parte de Durango y principalmente Sinaloa, se sigue jugando el ulama, en el que aún se golpea la pelota con la cadera. Son consideradas reminiscencias de aquel juego que practicaron incluso los olmecas, por supuesto con diferentes variaciones a lo largo de los siglos.

El propósito de este deporte iba mucho más allá de la simple competencia. En tiempos prehispánicos servía para evitar la guerra y resolver disputas territoriales entre los distintos reinos, pues en lugar de enviar a los ejércitos, cada reino llevaba a sus jugadores, y el resultado dependía de la destreza de los equipos y de la voluntad de los dioses. A ello se sumaba un fuerte componente de apuestas, muy del gusto de los grupos mesoamericanos.

Por último, estaba su poderosa dimensión ritual, vinculada con distintos aspectos de la vida. En tiempos de los mexicas, la pelota representaba al sol, y se creía que, a través de los seres humanos, de los sacrificios y de sus acciones, se mantenía el equilibrio cósmico y se conservaba al sol en movimiento por el firmamento. El juego simbolizaba también la lucha permanente entre la oscuridad y la luz del día.

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