La falta de alimentos registrada en hospitales psiquiátricos de la Ciudad de México ha dejado al descubierto las profundas carencias del sector salud en el área de salud mental. El episodio ha encendido las alarmas sobre las condiciones en las que reciben atención algunas de las personas más vulnerables del sistema, y ha vuelto a colocar en el debate público el estado de los servicios de psiquiatría en la capital.
Hace unos días, personal médico de los hospitales Fray Bernardino Álvarez, Juan Navarro y Samuel Ramírez señaló la falta de comida tanto para los usuarios internados como para los propios trabajadores. La denuncia, hecha desde el interior de estas instituciones, expuso una situación que afecta directamente el bienestar de pacientes que dependen por completo de los servicios que ofrecen estos centros.
Ante el señalamiento, la Secretaría de Salud informó que el servicio se estaba normalizando luego de que se registrara una falta de pago a la empresa proveedora encargada de la alimentación. La dependencia atribuyó así el desabasto a un problema administrativo con el contratista, asegurando que la entrega de alimentos se restablecía de manera gradual.
Sin embargo, quienes han seguido de cerca la situación advierten que el problema no es nuevo. De acuerdo con la documentación dada a conocer, en estos hospitales se han registrado casos de abandono, falta de atención y falta de servicios, en un patrón que va más allá de un episodio puntual de desabasto de comida.
La denuncia va incluso más lejos, pues se ha documentado la existencia de tratos crueles, inhumanos y degradantes que vulneran los derechos de las personas usuarias. Estas señalamientos apuntan a una problemática estructural en la atención a la salud mental, donde los pacientes quedan expuestos a condiciones que contradicen las garantías mínimas que deberían recibir.
Las carencias, además, no se limitan a la comida. Con las nuevas administraciones gubernamentales se ha hecho notar la escasez en distintas áreas, que incluye desde medicamentos hasta insumos básicos como uniformes para los pacientes e incluso jabón para lavar esa ropa. La acumulación de faltantes dibuja un panorama de precariedad cotidiana en el funcionamiento de estos centros.
El caso pone de relieve la fragilidad del sistema de salud mental en la Ciudad de México, un ámbito que con frecuencia queda en segundo plano dentro de las prioridades del sector salud. Mientras las autoridades aseguran que el suministro de alimentos se regulariza, las denuncias sobre el trato a los internos y la escasez de insumos mantienen abierta la exigencia de mejores condiciones y de un respeto efectivo a los derechos de los pacientes.
