Cansados de los robos y de esperar respuestas, los vecinos de varias colonias de Iztacalco, en la Ciudad de México, decidieron tomar la seguridad en sus propias manos. Crearon su propia red de vigilancia, con cámaras de reconocimiento facial y de placas vehiculares, en un esfuerzo organizado desde la comunidad para proteger su patrimonio frente a una delincuencia que sienten cada vez más cerca de casa.
El proyecto no es nuevo ni improvisado. En 2015, dos vecinos identificados como Hugo y Guillermo impulsaron la instalación de cámaras de vigilancia en la colonia Militar Marte a través del presupuesto participativo. Lo que comenzó como una iniciativa puntual en una sola colonia fue creciendo poco a poco con el paso de los años hasta convertirse en un modelo que otros quisieron replicar.
En una década, el esfuerzo se ha extendido a tres colonias de la alcaldía, con la instalación de alrededor de 900 cámaras. La idea, explican sus impulsores, fue convertir un mal común en un quehacer común, es decir, transformar la preocupación compartida por la inseguridad en una tarea colectiva en la que cada quien aporta para el beneficio de todos.
Las cámaras cuentan con reconocimiento facial y de placas vehiculares, y están colocadas de manera estratégica en la zona. Algunas se dejan fijas para captar mejor los rostros, mientras que las de placas, ubicadas en vías como el eje 5, que tiene cinco carriles, alcanzan a cubrir al menos tres carriles con vehículos que circulan hasta a 80 kilómetros por hora.
El monitoreo está a cargo de los propios vecinos, elegidos por manzana. El sistema, señalan, se implementa precisamente para no exponer de manera directa a los habitantes a combatir o a indagar una situación de riesgo o de robo, sino para documentar lo que ocurre y disuadir a los delincuentes desde una distancia segura, sin poner en peligro a nadie.
Como primera medida frente a la inseguridad, muchos vecinos optaron incluso por cerrar sus calles. Aun así, los robos a casa habitación siguen siendo su mayor preocupación, ya sea con o sin violencia, pues relatan que, cuando no hay nadie en el domicilio, los delincuentes fuerzan las chapas o saltan las bardas para entrar a robar sin enfrentarse a los dueños.
Las cifras dan cuenta de la dimensión del problema que enfrentan. En el último año, en Iztacalco se abrieron 993 carpetas de investigación por delitos de alto impacto, de acuerdo con la Fiscalía. Entre los más recurrentes se ubicaron el robo a transeúnte y el robo de vehículos particulares, los mismos delitos que terminaron por empujar a los vecinos a organizarse por su cuenta.
