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Sillas de ruedas impresas en 3D para niños con discapacidad

Sillas de ruedas impresas en 3D para niños con discapacidad

Una iniciativa fabrica sillas de ruedas con impresión 3D para dar independencia a niñas y niños con discapacidad de entre uno y ocho años. Cada silla requiere unas 20 horas de impresión, tres semanas de trabajo y 3 mil 500 pesos, con un diseño gratuito de la organización Make Good.

Una iniciativa solidaria está demostrando que la tecnología de impresión 3D puede cambiar la vida de los más pequeños. A partir de piezas fabricadas con una impresora, un grupo de personas arma sillas de ruedas pensadas para dar independencia a niñas y niños con discapacidad de entre uno y ocho años, una etapa clave en su desarrollo.

El proceso detrás de cada silla combina paciencia y bajo costo. Según explican los responsables, se requieren alrededor de 20 horas de impresión, unas tres semanas de trabajo y un presupuesto de 3 mil 500 pesos para completar una de estas sillas, una cifra muy por debajo de la que suele implicar el equipamiento especializado.

El resultado es un dispositivo ligero y sencillo de ensamblar. La silla termina pesando alrededor de nueve kilos y, para su armado, basta con unas ruedas de origen chino que se consiguen en cualquier tlapalería y un par de tornillos. Con esos elementos básicos se completa una estructura funcional para el menor que la necesita.

La clave del proyecto está en compartir el conocimiento. Quienes participan utilizan el diseño gratuito de un entrenador de movilidad que distribuye, a nivel global, la organización Make Good. Ese acceso abierto permite que la misma idea pueda replicarse en distintos lugares sin tener que pagar por el modelo.

Los resultados ya empiezan a verse en varias ciudades. Los participantes contaron que entregaron una silla en Guadalajara y que, en un lapso de cuatro semanas, han armado cuatro sillas, además de otras cinco que se encuentran en proceso. El avance, dicen, ha resultado muy motivante para todo el equipo.

El trabajo se extiende a otros puntos del país. Están a punto de terminar tres sillas en Monterrey y otra más en la Ciudad de México, esta última fabricada por los propios papás de niños que las necesitan. Así, las familias se suman directamente a la construcción del apoyo que requieren sus hijos.

De cara al futuro, la meta es sumar más manos a la causa. Buscan conseguir a más personas que tengan una impresora 3D, o que ni siquiera sepan del tema pero estén motivadas a ayudar, y ofrecen guiarlas en el proceso para que impriman desde casa. Incluso las aportaciones pequeñas, de 20 o 50 pesos, suman, porque cada parte cuenta para armar una gran silla.

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