La policía de Perú protagonizó un operativo tan ingenioso como inusual para capturar a un narcotraficante que figuraba entre sus objetivos. En lugar de recurrir a un despliegue convencional, los agentes optaron por una estrategia más sutil: aprovechar la gran pasión del sospechoso por el fútbol para acercarse a él sin levantar la menor sospecha y atraparlo en el momento menos esperado.
Según se conoció, los investigadores manejaban información que indicaba que el traficante era un fanático declarado del balompié. Con ese dato en mano, decidieron tender una trampa a su medida. Un agente se vistió con el traje de la mascota del Mundial y se mezcló en una actividad de promoción del torneo, un escenario en apariencia festivo e inofensivo que le permitió aproximarse al hombre sin despertar alarma alguna.
El golpe se ejecutó con rapidez. Lo que parecía un simpático personaje animando un evento promocional se transformó de pronto en una detención en regla. El propio sospechoso pensó en un primer momento que se trataba de un simple cosplay y no de una operación policial, por lo que no opuso resistencia. En cuestión de segundos, en menos de medio minuto, el hombre ya estaba reducido y bajo custodia.
La elección del disfraz no fue casual. El detenido había cumplido previamente una condena de nueve años de prisión por venta de drogas, una experiencia que lo había vuelto sumamente desconfiado y precavido ante cualquier presencia policial. Precisamente por esa guardia permanente, una aproximación directa habría sido casi imposible, y fue el inofensivo aspecto de la mascota lo que terminó por bajar sus defensas.
Como resultado del operativo, las autoridades lograron además incautar una importante cantidad de droga, lo que reforzó el peso de la intervención más allá de la propia captura. La acción combinó así el factor sorpresa con un objetivo concreto, y dejó al descubierto la red en la que se movía el sospechoso al que se venía siguiendo de cerca.
No es la primera vez que la policía peruana echa mano de disfraces llamativos para sorprender a sus objetivos. El año pasado, un agente se caracterizó de capibara y se paseó por la calle saludando amablemente y posando para fotos con los transeúntes, hasta que, sin previo aviso, se acercó al sospechoso buscado y le colocó las esposas. Estos métodos poco ortodoxos se han convertido en un sello particular de sus intervenciones.
