El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia sigue agravando su balance conforme avanzan las tareas de rescate. Según las cifras provisionales, el número de fallecidos asciende ya a 224 personas, a las que se suman más de 900 heridos y decenas de edificios que se han venido abajo por la fuerza del seísmo. Es el peor terremoto de la última década en el país, y las autoridades advierten de que la cifra de víctimas será todavía mayor a medida que se accede a las zonas más golpeadas.
Las ciudades del famoso eje cafetero, Manizales, Cali y Pereira, figuran entre las más castigadas por el temblor. Solo en Cali se han contabilizado más de 80 muertos, y la ciudad ha sido militarizada y sometida a un toque de queda que se mantiene hasta las cinco de la mañana. La medida responde a un doble motivo: garantizar que los organismos de socorro puedan transitar sin dificultades y, al mismo tiempo, evitar posibles saqueos en medio del caos provocado por la catástrofe.
Durante toda la noche, cientos de rescatadores, bomberos y voluntarios han trabajado sin descanso desescombrando edificios con ayuda de excavadoras para tratar de encontrar supervivientes. En Pereira, otra de las localidades bajo toque de queda, se sigue buscando a decenas de personas que se cree que continúan atrapadas. Entre los rescates más emotivos figura el de un adulto que protegió con su propio cuerpo, durante varias horas, a un bebé de seis meses bajo los escombros en un barrio de Cali, además del de un hombre de 35 años sacado con vida de madrugada.
La emergencia se ve agravada por el grave deterioro de las comunicaciones y el bloqueo del transporte aéreo. Los tres aeropuertos de la zona, los de Armenia, Manizales y Pereira, permanecen cerrados, lo que supone un importante obstáculo tanto para la llegada de ayuda humanitaria y equipos de rescate como para el turismo, en una de las regiones más visitadas del país. Los desplazamientos por carretera se han vuelto extremadamente lentos, con trayectos que se prolongan durante muchas horas.
Especial preocupación genera la situación del departamento del Chocó, el más cercano a la costa del Pacífico y donde se localiza el epicentro del seísmo. Se trata del departamento más pobre y probablemente el peor comunicado de Colombia, y hasta el momento no se ha podido acceder a varias de sus zonas, por lo que aún se desconoce el alcance real de los daños en ese territorio, que podría sumar más víctimas al balance nacional.
En el plano político, la catástrofe se ha convertido en el primer gran desafío para el nuevo presidente, Abelardo de la Espriella, que pronunció su discurso de investidura el viernes y apenas tres días después ha tenido que declarar la emergencia nacional. Como candidato había prometido un severo ajuste fiscal y la congelación del gasto público, pero el terremoto le ha obligado a dar un giro y a asegurar que habrá ayuda para todos los damnificados, mientras los miembros de su gobierno recorren las zonas afectadas.
