Con un crecimiento previsto en torno al 2,2% en 2026, muy por encima de la media de la eurozona, España se confirma como una de las economías avanzadas más dinámicas del momento.
Durante años, la economía española cargó con la etiqueta de vulnerable, marcada por el paro y las crisis. Sin embargo, el relato ha cambiado de forma notable. En 2026, España se ha convertido en una de las grandes protagonistas del crecimiento entre las economías avanzadas, sorprendiendo a analistas y organismos internacionales con unas cifras que la sitúan muy por delante de sus vecinos europeos.
A la cabeza de las economías avanzadas
El dato más llamativo procede de 2025, cuando la economía española creció alrededor de un 2,9%, situándose como la economía avanzada con mejor rendimiento del mundo ese año. La distancia con los grandes socios europeos resulta abismal, ya que Alemania apenas rozó el 0,2%, Italia el 0,5% y Francia el 0,7%, cifras que reflejan el estancamiento del núcleo de la eurozona.
Esta posición de liderazgo no es fruto de la casualidad ni de un único factor. Refleja una combinación de dinamismo interno y buen comportamiento exterior que ha permitido a España despegarse claramente de la media continental. En un contexto europeo marcado por la debilidad, el caso español se ha convertido en objeto de estudio y de cierta envidia entre los observadores económicos.
Una previsión sólida para 2026

Las perspectivas para el año en curso siguen siendo favorables. Según el panel de previsiones de Funcas, el consenso de los analistas ha revisado al alza el crecimiento del PIB para 2026, hasta situarlo en torno al 2,2%. Aunque supone una ligera desaceleración respecto al año anterior, sigue siendo una cifra muy sólida en el actual contexto internacional de incertidumbre.
La comparación con el entorno vuelve a ser reveladora. Para 2026, la eurozona en su conjunto crecería alrededor de un 1,3% según las previsiones del Fondo Monetario Internacional, mientras que Estados Unidos rondaría el 2,4%. España, por tanto, se mantendría prácticamente al nivel de la mayor economía del mundo y casi doblaría la media de sus socios europeos.
Los motores del crecimiento
Detrás de estas cifras se encuentran varios pilares. El sólido comportamiento del sector servicios, unido a una buena actividad exportadora y al empuje del turismo, ha sostenido buena parte de la expansión. La inversión también ha contribuido, aunque con cierta moderación. En conjunto, la demanda interna aporta el grueso del crecimiento, con más de dos puntos porcentuales.
El sector exterior, en cambio, resta ligeramente al balance final, con una contribución negativa de unas décimas. Esta estructura muestra una economía que crece sobre todo gracias a su propia demanda, respaldada por el consumo y por la creación de empleo, sin depender en exceso de un único motor que pudiera fallar de forma repentina.
Empleo e inflación bajo control
El mercado laboral acompaña esta buena marcha. La tasa de paro, tradicionalmente el gran talón de Aquiles de España, se situó en torno al 10,5% de media en 2025 y se espera que baje hasta cerca del 10% en 2026. El empleo siguió creciendo con fuerza, aunque a un ritmo algo más contenido este año respecto al anterior.
En cuanto a los precios, la inflación se ha ido moderando. Tras cerrar 2025 con una media en torno al 2,7%, las previsiones apuntan a que descienda hasta alrededor del 2,2% de media en 2026, acercándose así al objetivo de estabilidad. Una evolución que alivia los bolsillos de los hogares y facilita la planificación de empresas e inversores.
Cuentas más saneadas
La salud de las cuentas públicas y exteriores también mejora. El déficit público habría pasado de alrededor del 2,7% en 2025 a cerca del 2,5% en 2026, en una senda de corrección progresiva. A ello se suma un superávit por cuenta corriente, señal de que el país vende al exterior más de lo que compra, un rasgo poco habitual en su historia reciente.
Por qué es importante
Este buen momento tiene consecuencias muy concretas para la ciudadanía. Un crecimiento sostenido suele traducirse en más empleo, mayores ingresos y una mayor capacidad del Estado para financiar servicios públicos. Además, un desempeño tan destacado refuerza el peso y la credibilidad de España dentro de la Unión Europea y ante los mercados internacionales.
En definitiva, 2026 confirma un cambio de imagen para la economía española, que pasa de ser vista como un punto débil a erigirse en referencia dentro de la eurozona. Persisten retos importantes, desde el paro estructural hasta la productividad, pero las cifras actuales dibujan un escenario claramente más optimista del que el país conoció durante buena parte de la última década.

Keep subscribing to Laura GómezHer next filing reaches you the moment it publishes, on her own subdomain.
Subscribe
