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Un raro mosaico romano con el nudo de Salomón emerge bajo la ciudad de Esmirna

Diego López Diego López diegolopez.avalw.com · 74 reads Respect0 Save Share Read only
READS6live count PUBLISHED17 Sept2026 READING TIME3 min615 words LANGUAGESpanish
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Bajo la moderna İzmir, en la antigua Esmirna, los arqueólogos hallaron un mosaico romano tardío de tres por cuatro metros con un nudo de Salomón en el centro, un símbolo que se creía protector contra el mal de ojo.

Bajo las calles de la moderna İzmir, en el oeste de Turquía, los arqueólogos sacaron a la luz un raro mosaico romano tardío que había permanecido oculto durante siglos. La pieza, con un nudo de Salomón en el centro, ofrece una nueva ventana a la antigua ciudad de Esmirna.

Un hallazgo bajo la ciudad moderna

El mosaico apareció en la Calle Norte del ágora de Esmirna, uno de los espacios públicos más importantes de la urbe antigua. Los trabajos forman parte de un proyecto de excavaciones que se desarrolla durante todo el año y que busca recuperar el patrimonio de la ciudad para el futuro.

El descubrimiento tiene un valor especial porque en Esmirna se han encontrado muy pocos suelos de mosaico a lo largo del tiempo. Según los investigadores, el hallazgo similar más reciente se remonta a hace unos setenta años, lo que convierte a esta pieza en un acontecimiento poco habitual.

Cómo es el mosaico

El suelo mide alrededor de tres por cuatro metros y está compuesto por paneles geométricos de doce lados que se entrelazan entre sí. La composición revela un cuidado notable en el diseño y una mano experta en el arte de ordenar miles de pequeñas teselas de colores.

En el corazón de la sala destaca la figura que da fama al hallazgo. Se trata de un nudo de Salomón, un motivo formado por lazos entrelazados que se cruzan de manera continua, sin principio ni final visibles, y que llama la atención por su equilibrio y su simetría.

Un símbolo contra el mal de ojo

Las ruinas de la antigua ciudad, donde los arqueólogos trabajan durante todo el año.
Las ruinas de la antigua ciudad, donde los arqueólogos trabajan durante todo el año.

El nudo de Salomón no era un simple adorno. En la Antigüedad se le atribuía un carácter protector, y se creía que servía para resguardar a las personas y a los espacios frente a la desgracia, la envidia y las fuerzas dañinas que a menudo se asociaban con el llamado mal de ojo.

Por eso su presencia en el centro de una sala resulta significativa. Colocar este símbolo en el suelo, a la vista de quienes entraban, era una forma de pedir amparo y de rodear la vida cotidiana de un aura de buena fortuna, según interpretan los especialistas que estudian la pieza.

Una datación entre los siglos IV y VI

Los arqueólogos sitúan el mosaico entre los siglos cuarto y sexto de nuestra era, ya en época romana tardía. Es un periodo de transición en el que la vida urbana de muchas ciudades del Mediterráneo oriental aún conservaba su esplendor, aunque el mundo antiguo empezaba a transformarse.

No se conoce con certeza para qué se utilizaba el edificio al que pertenecía la sala. Su ubicación en una de las calles principales sugiere que se trataba de una construcción importante, quizá una residencia privada de cierto nivel o un espacio de carácter semipúblico.

Reutilizado casi mil quinientos años después

Uno de los detalles más curiosos es que el mosaico volvió a tener uso mucho tiempo después de su creación. Casi mil quinientos años más tarde, construcciones levantadas en el siglo diecinueve llegaron a incorporarlo, integrando en sus muros y suelos aquel antiguo trabajo romano.

Quién dirige la excavación

El equipo de investigación está encabezado por el arqueólogo Akın Ersoy, de la Universidad Katip Çelebi de İzmir. Bajo su dirección, los trabajos avanzan de forma continua en el ágora, una zona clave para entender cómo era la vida en la antigua Esmirna.

Qué viene después

Los responsables del proyecto planean ampliar las excavaciones a lo largo de este año, con la esperanza de que aparezcan otras salas o estructuras relacionadas con la que acaba de salir a la luz. Cada nuevo tramo de suelo puede aportar piezas para reconstruir el pasado.

Mientras tanto, el mosaico del nudo de Salomón se suma al patrimonio que Esmirna guarda bajo la ciudad viva. Es un recordatorio de que, muchas veces, bajo el asfalto y los edificios modernos, permanecen dormidos capítulos enteros de la historia esperando ser descubiertos.

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