Durante años el bitcóin fue visto como una rareza digital reservada a unos pocos entusiastas. Hoy, gracias a un nuevo tipo de fondo, enormes inversores y grandes empresas controlan ya una porción gigantesca de toda la criptomoneda, aunque esta sigue siendo tan arriesgada como siempre.
Durante muchísimos años, el bitcóin fue considerado por la inmensa mayoría de la gente corriente como una especie de rareza digital extravagante y casi incomprensible, un activo tremendamente volátil y arriesgado que parecía reservado en exclusiva para unos pocos entusiastas de la tecnología y algún que otro especulador especialmente atrevido. Sin embargo, en un giro que poquísimas personas habrían llegado a imaginar hace tan solo una década, esta misma criptomoneda ha terminado por colarse de lleno en las carteras de los inversores más serios y poderosos de todo el planeta.
De la sombra al centro del escenario
El profundo cambio que se ha producido en la percepción general de esta moneda digital a lo largo de los últimos años resulta sencillamente asombroso cuando uno se detiene por fin a pensarlo con un poco de calma. Lo que en su día era visto por casi todos como un territorio marginal, oscuro y plagado de riesgos de todo tipo imaginable, se ha ido transformando muy poco a poco en un activo que grandes bancos y respetados gestores de fondos discuten hoy con absoluta y pasmosa naturalidad.
Ya no se trata únicamente de un pequeño puñado de jóvenes aficionados comprando algunas monedas digitales desde el ordenador de su propia habitación, como solía ocurrir sin excepción en los primeros tiempos de esta tecnología. Hoy en día, son enormes fondos de inversión, grandes empresas cotizadas en bolsa e incluso algunos planes de pensiones los que han empezado a destinar una parte de su dinero a este mismo activo que antes miraban siempre con una enorme y evidente desconfianza.
La llave fue un nuevo producto

Si realmente hay que señalar un único factor como el principal responsable de toda esta auténtica y acelerada transformación, ese es sin ninguna duda posible la reciente aparición de un nuevo y casi revolucionario tipo de producto financiero. Hace poco más de un par de años, las autoridades competentes de un gran país aprobaron finalmente unos fondos muy especiales que permiten a cualquiera invertir en bitcóin de una manera muchísimo más sencilla, cómoda y segura que nunca antes.
La gran ventaja de estos nuevos fondos es que permiten a cualquier inversor tener exposición al bitcóin directamente desde su cuenta de valores de toda la vida, exactamente igual que si comprara unas simples acciones de una empresa cualquiera. De este modo desaparecen de golpe todas las viejas complicaciones y los numerosos riesgos asociados a guardar personalmente las claves digitales, gestionar complejos monederos electrónicos o verse obligado a confiar en plataformas de dudosa y a veces inquietante fiabilidad.
Una porción enorme de todo el bitcóin
El impacto directo de este nuevo tipo de producto sobre el conjunto del mercado ha sido tan sorprendentemente rápido como verdaderamente profundo, y las cifras que hoy se manejan resultan francamente llamativas. En apenas un par de años escasos, estos fondos han llegado a acumular una cantidad sencillamente gigantesca de bitcóin, por un valor que se mide ya en muchísimas decenas de miles de millones de dólares, y todo ello partiendo literalmente desde la nada más absoluta.
Si a toda esa enorme cantidad de bitcóin cuidadosamente guardada en los fondos le sumamos además todo aquel que mantienen ya en sus propios balances numerosas grandes empresas cotizadas, el resultado final es francamente espectacular. Según los cálculos más recientes de los expertos del sector, entre unos y otros ya controlan en conjunto bastante más de un nueve por ciento de todo el bitcóin que llegará a existir jamás, algo del todo impensable hace tan solo unos pocos años.
Los grandes gestores reparten el producto
Otro de los factores de peso que ayudan a explicar esta imparable y continua avalancha de dinero es que algunos de los gestores de patrimonio más grandes e influyentes de todo el mundo se han sumado con auténtico entusiasmo a esta nueva tendencia. Estas enormes y poderosas entidades han comenzado a ofrecer activamente estos novedosos productos a sus muchos millones de clientes habituales, abriendo así de par en par las puertas del bitcóin a un público muchísimo más amplio, diverso y variado.
A todo ello se le suma además la creciente y nada desdeñable posibilidad de llegar a incluir este tipo de activos dentro de los planes de ahorro para la jubilación en algunos países concretos, lo que podría terminar atrayendo cantidades de dinero realmente colosales. No resulta nada extraño, por tanto, que la inmensa mayoría de los grandes inversores afirmen hoy sin ningún reparo en las encuestas que tienen la firme intención de aumentar todavía más su apuesta por este terreno.
Sigue siendo una montaña rusa
Ahora bien, sería un error verdaderamente grave y hasta peligroso llegar a pensar que todo este reciente entusiasmo ha convertido de repente al bitcóin en una inversión tranquila, estable y felizmente libre de cualquier sobresalto inesperado. Muy al contrario de eso, esta criptomoneda sigue siendo tristemente célebre por sus bruscas y vertiginosas subidas y bajadas de precio, perfectamente capaces de poner a dura prueba los nervios incluso del inversor más experimentado y curtido del mercado.
Aunque en su momento llegó a superar la simbólica y tan comentada barrera de los cien mil dólares por cada unidad, su cotización ha seguido dando después violentos y repentinos bandazos en ambas direcciones posibles. Los expertos más prudentes y cautelosos recuerdan una y otra vez, sin cansarse jamás, que se trata todavía de un activo verdaderamente arriesgado, y que todo ese dinero que hoy entra con tanta fuerza podría perfectamente llegar a salir con idéntica rapidez.
Un futuro todavía por escribir
Pese a todas estas comprensibles y muy razonables cautelas, lo que parece francamente difícil de negar ya a estas alturas de la historia es que algo profundo y con toda probabilidad duradero ha cambiado para siempre. La compleja infraestructura que hoy permite a los grandes inversores de todo el planeta acceder con total comodidad al bitcóin ya está enteramente construida y funcionando a pleno rendimiento, y resulta muy poco probable que vaya a desaparecer sin más de un día para otro.
Queda todavía por ver, eso sí, si esta curiosa y rebelde criatura nacida hace años en los márgenes de internet terminará realmente por consolidarse como una pieza estable, madura y plenamente respetada del sistema financiero mundial. Sea cual sea el desenlace final de toda esta fascinante historia, una sola cosa parece ya bastante clara para todos, y es que el bitcóin ha dejado definitivamente de ser una simple anécdota para convertirse en todo un fenómeno de nuestro tiempo.
Preguntas frecuentes

Keep subscribing to Luciana GómezHer next filing reaches you the moment it publishes, on her own subdomain.
Subscribe
