El mercado de las llamadas monedas estables en euros crece a buen ritmo al amparo del reglamento MiCA, mientras los bancos centrales del continente piden reformar la manera en que estos criptoactivos guardan sus reservas. Repasamos con calma qué está realmente en juego para el sector.
Mientras buena parte de la atención mediática sigue centrada en las grandes subidas y bajadas de las criptomonedas más famosas, en un segundo plano se está librando una batalla mucho más silenciosa pero quizá más trascendente para el futuro del dinero. Se trata del auge de las llamadas monedas estables denominadas en euros, unos activos digitales diseñados para mantener siempre el mismo valor que la moneda europea y que están empezando a llamar poderosamente la atención tanto de los inversores como de las autoridades.
El auge de las monedas estables en euros

A diferencia de las criptomonedas más volátiles, estas monedas estables tienen como principal objetivo mantener una paridad constante con una divisa de referencia, en este caso el euro. Esa promesa de estabilidad las hace especialmente útiles para realizar pagos, transferencias y operaciones dentro del mundo digital sin sufrir las bruscas oscilaciones de precio habituales en el sector. Precisamente por ello, su popularidad ha ido creciendo de forma notable en los últimos tiempos.
Aunque el mercado de las monedas estables en euros sigue siendo pequeño en comparación con sus equivalentes ancladas al dólar, su ritmo de crecimiento resulta llamativo. Partiendo de una base verdaderamente reducida hace apenas un par de años, su capitalización se ha multiplicado con rapidez hasta situarse en el entorno de varios cientos de millones de euros. Una sola emisora concentra por sí misma en torno al cuarenta por ciento de todo este incipiente mercado europeo.
En qué consiste el reglamento MiCA
Nada de todo esto puede entenderse sin hablar del reglamento europeo conocido por sus siglas como MiCA, la ambiciosa normativa con la que la Unión Europea ha querido poner orden en el hasta hace poco caótico universo de los criptoactivos. Este marco, plenamente aplicable desde finales del año dos mil veinticuatro, establece reglas claras para quienes deseen emitir y gestionar este tipo de monedas dentro del territorio comunitario, ofreciendo una seguridad jurídica muy demandada.
Gracias a este nuevo marco, hasta una docena de entidades han logrado ya la autorización necesaria para operar de forma legal en distintos países del continente, entre ellos Francia, Países Bajos, Finlandia, Malta, Luxemburgo y Alemania. Esta red creciente de emisores autorizados representa un paso decisivo hacia la creación de un ecosistema de pagos digitales más fiable, transparente y sometido a la debida supervisión por parte de las autoridades competentes.
El banco central reclama cambios
Sin embargo, el marco actual dista mucho de considerarse cerrado o definitivo, como han dejado claro las máximas autoridades monetarias del continente. A finales del pasado mes de septiembre, el Banco Central Europeo, junto con los bancos centrales nacionales de la Unión, remitió una propuesta formal a Bruselas para reformar de manera sustancial la forma en que estas monedas deben respaldar su valor con activos seguros y disponibles en todo momento.
La normativa vigente obliga a los emisores a mantener una parte muy elevada de sus reservas en forma de depósitos bancarios, con exigencias que llegan hasta el sesenta por ciento en el caso de los proyectos considerados más relevantes. Los bancos centrales proponen sustituir estas cuotas fijas por un sistema más flexible basado en la liquidez, que exigiría que ciertos porcentajes de las reservas puedan convertirse en efectivo en plazos muy cortos de apenas uno o cinco días hábiles.
La preocupación por la estabilidad
Detrás de esta propuesta técnica se esconde una preocupación de fondo muy seria relacionada con la estabilidad de todo el sistema financiero. Los bancos centrales advierten de que obligar a concentrar enormes cantidades de reservas en depósitos dentro de un grupo reducido de bancos podría generar riesgos importantes. En momentos de fuerte demanda de reembolsos, los emisores se verían forzados a retirar ese dinero de golpe, desestabilizando así los balances de esas entidades.
Existe además el temor de que una eventual crisis de confianza en estas monedas pudiera contagiarse con rapidez al sistema bancario tradicional, precisamente por esos fuertes vínculos entre ambos mundos. Como alternativa, las autoridades sugieren recurrir a instrumentos como los acuerdos de recompra a muy corto plazo o la deuda soberana de vencimiento cercano, que permitirían repartir mejor el riesgo y evitar concentraciones peligrosas en unas pocas entidades.
El euro digital sigue esperando
Todo este debate se produce, además, en un contexto muy particular marcado por la larga espera en torno al proyecto del euro digital. El propio Banco Central Europeo lleva ya varios años trabajando en su posible creación, pero se trata de un proceso lento y cauteloso cuyo lanzamiento efectivo no se espera, según los cálculos más habituales, hasta al menos el final de esta década, en algún momento cercano al año dos mil veintiocho.
Ese calendario tan dilatado ha dejado un vacío evidente que las monedas estables de iniciativa privada están tratando de ocupar con notable diligencia. Mientras las instituciones públicas avanzan con paso prudente y realizan sus ensayos previos, las empresas del sector no han querido esperar de brazos cruzados y han lanzado ya sus propias soluciones, ganando terreno y usuarios en un mercado todavía joven pero con un enorme potencial de futuro.
Qué está en juego para el futuro
Más allá de los tecnicismos regulatorios, lo que verdaderamente se dirime en este pulso es el papel que ocupará el euro en la economía digital de las próximas décadas. La abrumadora mayoría de las monedas estables que circulan hoy en el mundo están ancladas al dólar estadounidense, por lo que impulsar alternativas sólidas en euros se percibe como una cuestión de soberanía económica y de competitividad para todo el continente europeo de cara al porvenir.
En cualquier caso, conviene recordar que el sector de los criptoactivos sigue siendo un terreno complejo y en constante evolución, donde la prudencia debe guiar siempre las decisiones de los usuarios. El equilibrio entre fomentar la innovación y garantizar la seguridad de todos será, sin duda, uno de los grandes retos de los reguladores en los próximos años. La partida, desde luego, no ha hecho más que empezar y promete ser apasionante.
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