El alzhéimer todavía no tiene cura, pero la investigación sigue avanzando en busca de nuevas vías para frenar la enfermedad. En esa línea se enmarca un estudio pionero en Europa que se ha presentado en el Hospital Germans Trias de Badalona. La propuesta abre una puerta diferente al abordaje habitual de una dolencia que afecta a un número creciente de personas y para la que, por ahora, no existe un tratamiento definitivo.
El estudio se centra en una técnica quirúrgica destinada a mejorar los síntomas iniciales de la enfermedad. No se plantea como una cura, sino como una forma de actuar en las primeras etapas, cuando los efectos del deterioro todavía son incipientes. El objetivo es intervenir en ese momento temprano para tratar de contener el avance de los síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
Para entender la propuesta, los responsables del estudio parten de uno de los mecanismos que se asocian a la enfermedad. Una de las posibles causas del alzhéimer es la acumulación de proteínas tóxicas que inflaman el cerebro. Según explican, si se disminuye ese estado inflamatorio, se produce menos toxicidad y, con ello, menos muerte neuronal, lo que sitúa la inflamación en el centro de la estrategia terapéutica.
A partir de esa idea, el equipo plantea una intervención muy concreta para reducir la inflamación. El estudio propone una microcirugía que conecta los vasos linfáticos del cuello con una vena. Tal como lo describen, la intención es realizar una especie de bypass de limpieza para que el cerebro pueda eliminar más rápido esas sustancias, ayudándolo así a deshacerse de los compuestos tóxicos que se le acumulan.
La finalidad última de esa conexión es facilitar el drenaje de lo que daña al cerebro. Al ayudar al órgano a eliminar antes las sustancias tóxicas, los investigadores confían en que se pueda incidir sobre la inflamación y, por esa vía, sobre la evolución de la enfermedad. La hipótesis con la que trabajan es que esta intervención pueda contribuir a mejorar los síntomas del alzhéimer en quienes se encuentran en sus fases iniciales.
Por ahora, el trabajo se halla en una fase muy preliminar y prudente. En esta primera etapa, el objetivo es probar la seguridad de la operación en pacientes que están en un estadio inicial de la enfermedad. De momento han intervenido a dos personas. El primero fue Tony, operado en febrero, que asegura notar cierta mejoría: explica que cada vez está un poco mejor y que, en lo relativo a la forma de hablar, antes le costaba más expresarse.
El estudio aspira a ampliar el número de casos para poder extraer conclusiones más sólidas. Está previsto operar a ocho pacientes más y hacerles un seguimiento durante un año para controlar su evolución. En una segunda fase se comprobarán los efectos de la intervención, de manera que, tras confirmar primero su seguridad, el equipo pueda valorar después en qué medida la técnica logra mejorar realmente los síntomas de las personas con alzhéimer.
