El peso cierra octubre con su peor racha de depreciación. Analizamos el impacto del carry trade, la política regional y las decisiones clave de noviembre.
El dólar se quedó en 18.78 pesos al cierre de la semana del 31 de octubre de 2026. A simple vista, la cifra no grita pánico, pero el contexto cuenta otra historia. Detrás de ese número está una realidad incómoda: la moneda mexicana lleva ocho semanas seguidas perdiendo valor frente a su contraparte estadounidense.
No hablamos de un ajuste menor ni de ruido de mercado. Gabriela Siller Pagaza, directora de Análisis Económico de Grupo Financiero BASE, lo pone en negro sobre blanco: el peso perdió un 4.08% en octubre, una caída de 73.7 centavos por unidad. Es el nivel más bajo que se veía desde el 5 de agosto de 2025.
La volatilidad mensual se disparó al 11.83%, una señal clara de la incertidumbre que reina en los mercados. Mientras otros activos buscan refugio, el peso choca contra presiones estructurales que tienen poco que ver con los ciclos estacionales de fin de año.
La trampa del diferencial de tasas
El motor de esta caída es el desmantelamiento de las posiciones de carry trade. Los inversores internacionales están sacando capital de México porque esperan que la Reserva Federal suba su tasa de interés en 25 puntos base antes de fin de año.
Al mismo tiempo, el Banco de México ha dado señales de que podría recortar tasas. Esta combinación es explosiva: el diferencial de tasas entre México y EE.UU. se estrecha hasta un mínimo histórico. Cuando el premio por mantener pesos desaparece, el capital huye sin miramientos.
Esta dinámica no es nueva, pero en 2026 tiene un giro. La inflación global sigue empujando al alza las tasas, forzando a los bancos centrales a mantener posturas restrictivas. En este juego, el peso queda atrapado entre la necesidad de competir con el dólar y la realidad de una economía que busca estabilidad.

El fantasma de la política regional
La política también pesa. La victoria de Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil ha generado temores sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas del país vecino. Aunque son mercados distintos, las economías de América Latina están interconectadas de manera profunda.
Los mercados interpretan la incertidumbre fiscal brasileña como un riesgo sistémico regional. Si el gigante sudamericano enfrenta problemas de deuda, el capital busca refugio en monedas más fuertes, dejando al peso mexicano expuesto a la volatilidad.
Además, las presiones inflacionarias globales han golpeado a la región. La mezcla de factores políticos y económicos crea un ambiente de cautela que impacta directamente en la cotización de la divisa mexicana.

¿Qué esperar para noviembre?
La semana del 2 al 6 de noviembre será decisiva. El Banco Central de México anunciará su decisión de política monetaria el jueves 5, mientras que Brasil definirá sus tasas el miércoles 4. Estos movimientos podrían alterar el panorama actual.
Bloomberg Economics espera que México mantenga su tasa de interés, pero si las expectativas de inflación a largo plazo han subido, las autoridades podrían adoptar un tono más restrictivo. Cualquier señal de debilidad en la política monetaria mexicana podría acelerar la depreciación.
Por otro lado, los datos de empleo de EE.UU., que se publicarán el viernes, serán clave. Si el mercado laboral sigue fuerte, la Reserva Federal podría mantener su postura agresiva, presionando aún más al peso mexicano. Los inversores están atentos a cada movimiento.

El costo real para el bolsillo
Más allá de las gráficas, esta depreciación tiene consecuencias tangibles. Las importaciones de bienes y servicios se encarecen, presionando la inflación doméstica. Los consumidores lo notarán en el precio de la tecnología, los alimentos importados y los combustibles.
Para las empresas que operan con insumos extranjeros, el costo de producción aumenta, lo que puede traducirse en menores márgenes o precios más altos para el consumidor final. En un contexto de crecimiento moderado, esta presión adicional es difícil de absorber.
El reto para las autoridades mexicanas es claro: mantener la estabilidad del peso sin ahogar la actividad económica. En un mundo donde el capital es volátil y la política es incierta, cada decisión cuenta. Los próximos meses definirán si el peso logra recuperar terreno o si la tendencia bajista se consolida.
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