La SFC ajusta el tope de la usura a 28,34% E.A. para noviembre, reduciendo el costo legal de tarjetas y préstamos personales, aunque la brecha de acceso al crédito formal persiste.
El calendario financiero colombiano cambió el 1 de noviembre. La Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) fijó la nueva tasa de usura para créditos de consumo y ordinario en 28,34% efectivo anual. No es una variación marginal, sino la tercera baja consecutiva dentro del año, lo que implica que el límite legal para cobrar intereses en bancos y entidades financieras es inferior al de octubre. El dinero prestado tiene, por ley, un techo más bajo.
El mecanismo detrás de la cifra
Ese 0,25% de diferencia no es solo un número en un informe. Para quien paga cuotas de tarjeta o un préstamo personal, representa un ahorro tangible en el saldo de la deuda. La norma que rige este periodo es la Resolución 1707 de 2026, vigente del 1 al 30 de noviembre. El contexto macroeconómico, con una inflación que ha cedido, permitió que los costos de financiamiento se moderaran, haciendo posible este ajuste a la baja.
La SFC no elige la tasa de usura al azar. Deriva del Interés Bancario Corriente (IBC), que promedia los intereses reales que cobran los bancos. El cálculo es mecánico: se toma el IBC y se multiplica por 1,5. En este caso, el IBC certificado para octubre se situó en 18,89%. Esa base genera matemáticamente el tope legal de 28,34%. La fórmula es rígida, pero su resultado depende de la conducta de las entidades.
El IBC descendió 17 puntos básicos respecto al mes anterior, pasando del 19,06% al 18,89%. Esta caída en el indicador base impacta directamente el límite de usura. Los datos provienen de los reportes semanales enviados por las entidades de crédito entre el 2 y el 23 de octubre. Eso confirma que la baja de tasas no es un fenómeno aislado, sino una tendencia operativa que las instituciones ya están reflejando en sus libros de cuentas.

El mapa completo de los intereses
La reducción en el crédito de consumo es lo que más se ve en titulares, pero la SFC ajustó también otros techos. Para el crédito productivo de mayor monto, la tasa de usura quedó en 42,35% E. A. En el sector rural, las reglas son más restrictivas: el crédito productivo rural tiene un tope de 33,87%. En cambio, el crédito popular productivo urbano alcanza el 88,44%. Estas diferencias marcan realidades económicas muy distintas según el tipo de negocio y la ubicación.
Para dueños de negocios pequeños o medianos, estos límites son vitales. No son sugerencias, son barreras legales duras. Si una entidad cobra intereses remuneratorios o moratorios por encima de estos porcentajes, comete el delito de usura, sujeto a sanciones penales. La ley colombiana define la usura como cobrar una utilidad que exceda en la mitad el IBC. Estos topes delimitan, de forma absoluta, lo que es legal y lo que no en el sistema financiero.
La brecha que sigue abierta
A pesar de las bajas en las tasas, el Centro de Pensamiento Económico Anif lanzó una alerta. Su Reporte de Inclusión Financiera de septiembre de 2026 muestra que el crédito formal solo llega al 36,6% de los adultos en el país. Si se incluyen las entidades no financieras, esa cifra sube al 51,6%. Aun así, deja a más de la mitad de la población fuera del sistema bancario tradicional. La accesibilidad sigue siendo un problema estructural.

Esta exclusión tiene un costo social elevado. En hogares con ingresos inferiores a un salario mínimo, los bancos financian apenas el 21,7% de la deuda. El resto recae en prestamistas informales e ilegales, conocidos como el 'gota a gota', que cubren el 17,7% de esa financiación. En contraste, en hogares con más de cuatro salarios mínimos, la participación bancaria es del 64,1%, mientras que la del sector informal cae al 3,7%. La brecha es profunda y persistente.
Esta disparidad revela que la baja en la tasa de usura beneficia principalmente a quienes ya tienen acceso al sistema formal. Para el sector de menores ingresos, el problema no es solo el interés, sino la falta de opciones legales y seguras para endeudarse. La reducción de la usura es un paso positivo, pero no resuelve la falta de inclusión. El crédito barato de poco sirve si no está disponible para todos.
El impacto en el bolsillo del colombiano
¿Qué significa esto para el usuario promedio? Si tienes una tarjeta de crédito con intereses altos, es probable que tu entidad ajuste sus tasas para acercarse al nuevo tope, aunque no necesariamente lo haga hasta el límite legal. La competencia entre bancos y fintechs suele empujar las tasas por debajo de la usura, especialmente ahora que el techo ha bajado. Es un buen momento para renegociar o cambiar de entidad si sientes que tu tasa está muy cerca del 28,34%.

Además, esta tendencia a la baja sugiere que el costo de tomar un préstamo personal o de vivienda podría verse favorecido en los próximos meses. Aunque la tasa de usura es un tope y no la tasa que pagarás, sí marca el límite máximo. Con la inflación controlada y las tasas de referencia del Banco de la República en descenso, el panorama para el crédito al consumo en Colombia se ve más optimista de lo que ha sido en años recientes.
Hacia dónde va el crédito
La resolución 1707 de 2026 es solo un capítulo más en la regulación financiera colombiana. La SFC revisará estos números el próximo mes, basándose en nuevos datos del IBC. Si la tendencia de baja continúa, es probable que veamos más reducciones en los topes de usura. Para los prestatistas, esto significa mayor previsibilidad y un entorno más favorable para tomar decisiones financieras.
Sin embargo, la verdadera prueba será ver si esta reducción en los costos legales se traduce en un aumento de la inclusión financiera. Mientras el 'gota a gota' siga siendo una opción para millones de colombianos de bajos ingresos, las bajas en la tasa de usura serán vistas como un beneficio para la clase media y alta. El reto para el gobierno y el sector financiero es cerrar esa brecha, haciendo que el crédito no solo sea más barato, sino que sea accesible para todos.
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