Mientras la España peninsular encadena récords, Canarias vive una fase distinta. La patronal Exelcan prevé unos 18 millones de turistas en 2026, por debajo del récord de 2025, y habla de aterrizaje suave. El gasto sube, el volumen baja y el invierno será la gran prueba del archipiélago.
Mientras la España peninsular encadena un récord turístico tras otro en 2026, las Islas Canarias viven un momento distinto y mucho más matizado. El archipiélago, gran motor del turismo de sol y playa durante el invierno, afronta un otoño decisivo en el que la palabra que más se repite ya no es récord, sino estabilización.
Un aterrizaje suave tras años de euforia
La patronal turística Exelcan ha puesto cifras a esa sensación. Según su previsión, 2026 se cerrará con alrededor de dieciocho millones de turistas en las islas, una cifra que superaría muy ligeramente esa barrera, pero que se quedaría por debajo del récord histórico alcanzado durante el año 2025.
Su presidente, Santiago de Armas, y su vicepresidente, José Carlos Francisco, han descrito el escenario como una fase de estabilización del negocio turístico. Lejos de hablar de crisis, insisten en que se trata de un aterrizaje suave y de una normalización tras el fuerte rebote que siguió a la pandemia.
Los números de un verano a la baja

Los datos del segundo trimestre reflejan bien esa doble cara. El turismo internacional retrocedió un 3,35% entre abril y junio frente al mismo periodo de 2025, y las pernoctaciones hoteleras cedieron un 1,95%, con una estancia media que se quedó prácticamente plana respecto al ejercicio anterior.
El caso de julio fue especialmente llamativo. En pleno mes récord para el conjunto de España, Canarias fue la única comunidad que perdió turistas extranjeros, con un descenso interanual del 0,7% que encendió algunas alarmas en un sector acostumbrado a crecer sin descanso.
No todo son malas noticias
Frente a esas caídas de volumen, hay una cifra que sonríe: el gasto turístico creció un 7,61% en el segundo trimestre. Los visitantes son algo menos numerosos, pero dejan más dinero en las islas, en línea con la apuesta del archipiélago por un turismo de mayor valor y menos dependiente del volumen.
El empleo también resiste. El sector sostenía 233.020 puestos de trabajo, un 2,40% más que un año antes, una señal de que la economía turística sigue creando ocupación pese a la moderación evidente en el número total de llegadas a los aeropuertos canarios.
El invierno, la gran prueba
La clave de todo el año se juega ahora. El otoño y el invierno son la temporada alta natural de Canarias, cuando el archipiélago se convierte en refugio de sol para miles de europeos que huyen del frío y de la oscuridad del norte del continente durante los meses más duros.
La previsión de ocupación para septiembre en el sur de Gran Canaria se situaba en el 77,47%, un buen dato pero por debajo de los meses anteriores. Si las islas logran igualar o superar ligeramente la temporada alta de 2025, el cómputo final del año todavía podría cerrarse en cifras de récord.
Una economía que mira al cielo
El enorme peso del turismo hace que cualquier vaivén tenga consecuencias profundas. Según los cálculos de la patronal, una caída hipotética del 10% en la actividad turística restaría un 2,92% al producto interior bruto canario y destruiría cerca de 40.000 puestos de trabajo en el archipiélago.
Por eso el sector vigila con lupa los factores externos. El precio del combustible de aviación, que supone en torno al 30% de los costes de las aerolíneas, figura como la principal preocupación, con la sombra de la tensión geopolítica en torno a Irán como riesgo de fondo para las tarifas.
Fuerteventura toma el relevo
En medio de este debate, las islas también celebran lo conseguido. Los Premios de Turismo Islas Canarias 2026 se entregarán por primera vez en Fuerteventura, el 24 de septiembre, en un gesto que reparte el protagonismo más allá de los destinos grandes y ya consolidados del archipiélago.
Es un buen resumen del momento que vive el territorio: menos obsesión por batir marcas y más atención a repartir el turismo, cuidar el paisaje y sostener el gasto de cada visitante. La pregunta ya no es solo cuántos turistas llegan, sino qué dejan y a qué precio para las islas.
El otoño dirá si el aterrizaje es tan suave como espera la patronal. Por ahora, Canarias ofrece un contraste revelador con la España del récord permanente: un destino maduro que aprende a crecer despacio, sin renunciar a llenar sus playas cuando el resto de Europa enciende la calefacción.

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