Con la colocación de la cruz en febrero de 2026, la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia alcanza los 172,5 metros y convierte al templo de Gaudí en la iglesia más alta del planeta.
Pocas obras arquitectónicas han generado tanta paciencia y devoción como la Sagrada Familia de Barcelona. En 2026, el templo diseñado por Antoni Gaudí ha alcanzado un hito que parecía casi inalcanzable: la finalización de su torre central, la de Jesucristo. Con ella, la basílica no solo culmina su silueta más reconocible, sino que se corona como la iglesia más alta del mundo.
Un hito histórico
El momento decisivo llegó el veinte de febrero de 2026, cuando se colocó la pieza superior de la cruz que corona la torre de Jesucristo. Con ese gesto quedó completada la ejecución exterior de la torre central y del conjunto de las seis torres centrales previstas en el templo. Un avance largamente esperado en una construcción que se prolonga desde 1882, hace más de 144 años.
La espera ha sido, por tanto, de casi siglo y medio, jalonada de interrupciones, guerras y crisis de todo tipo. Que una obra iniciada en el siglo diecinueve siga avanzando hoy con semejante ambición constituye en sí mismo un fenómeno singular, casi único en la historia de la arquitectura contemporánea. Cada etapa se vive como un acontecimiento colectivo.
La iglesia más alta del mundo

El dato que más ha resonado es el de la altura. Con sus 172,5 metros, la torre de Jesucristo convierte a la Sagrada Familia en la iglesia más alta del planeta, superando a la catedral de Ulm, en Alemania, que rondaba los 161,5 metros. Otros grandes templos, como la catedral de Colonia, quedan también claramente por debajo de esta nueva referencia mundial.
Detrás de esa cifra se esconde, además, una intención simbólica muy propia de Gaudí. El arquitecto quiso que la torre no superara la altura natural de la colina de Montjuïc, situada a unos 173 metros. La torre se quedó así apenas medio metro por debajo, como muestra de respeto: para Gaudí, ninguna creación humana debía elevarse por encima de la obra divina de la naturaleza.
La cruz que corona el templo
El remate de la torre es una obra de arte en sí mismo. La cruz que la culmina tiene forma de estrella y pesa alrededor de doce toneladas, elaborada en cerámica vidriada y vidrio de tonos blancos que reflejan la luz. De noche, iluminada, se ha convertido de inmediato en un nuevo punto de referencia visible desde numerosos rincones de la ciudad de Barcelona.
El interior de la torre contará con accesos, aunque muy limitados debido a los complejos sistemas estructurales que la sostienen. Está previsto un mirador situado a unos 164 metros de altura, que ofrecerá una perspectiva excepcional de la ciudad. Un privilegio reservado a un número reducido de visitantes, dada la delicadeza del conjunto arquitectónico.
El centenario de Gaudí
La culminación de la torre central adquiere en 2026 una carga emocional añadida. Este año se conmemora el centenario de la muerte de Antoni Gaudí, fallecido en 1926. Que la parte más emblemática del templo se complete justo un siglo después del adiós de su genial creador refuerza el simbolismo del momento y la conexión entre el pasado y el presente de esta obra irrepetible.
La inauguración oficial de la torre de Jesucristo estaba prevista para el diez de junio de 2026, con la bendición de la cruz y una celebración solemne. Un acto destinado a marcar en el calendario la conclusión de una de las etapas más significativas de todo el proyecto, seguido con enorme expectación tanto en la ciudad como más allá de sus fronteras.
Lo que queda por hacer
Pese a este avance monumental, la Sagrada Familia todavía no está terminada del todo. El proyecto contempla un total de dieciocho torres, dedicadas a los doce apóstoles, los cuatro evangelistas, la Virgen María y Jesús. De momento se han completado las seis torres centrales, y la conclusión definitiva del templo se sitúa, según las previsiones, en algún momento en torno a los años 2032 a 2034.
Por qué es importante
Más allá de los récords, la Sagrada Familia es mucho más que un edificio. Es un símbolo de Barcelona, un motor turístico de primer orden y una de las obras cumbre del modernismo catalán reconocida en todo el mundo. Su lento pero constante avance representa además una forma singular de transmitir un legado artístico a través de generaciones enteras de arquitectos y artesanos.
En definitiva, 2026 quedará grabado como el año en que la Sagrada Familia alcanzó literalmente su punto más alto. Con la torre de Jesucristo terminada y el récord mundial conquistado, el sueño de Gaudí se acerca cada vez más a su forma definitiva. Aún faltan piezas por encajar, pero la silueta que él imaginó hace más de un siglo es hoy más real que nunca.

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