En el subsuelo del Ayuntamiento de Écija, en Sevilla, ha aparecido un mosaico romano de unos 40 metros cuadrados que consolida a la antigua Astigi como uno de los grandes focos del arte del mosaico en el Imperio.
La ciudad sevillana de Écija ha vuelto a sorprender a los especialistas con un nuevo hallazgo arqueológico. Bajo uno de sus edificios más emblemáticos ha aparecido un mosaico romano que confirma la extraordinaria riqueza patrimonial de este municipio andaluz.
El descubrimiento no solo tiene valor por su belleza, sino también por lo que revela sobre el pasado esplendor de la localidad. Écija se consolida así como uno de los grandes referentes del arte del mosaico en la antigua Hispania romana.
Un hallazgo bajo el Ayuntamiento
El mosaico ha salido a la luz en el subsuelo de la Casa Consistorial, el actual Ayuntamiento de Écija, en la provincia de Sevilla. Los trabajos arqueológicos comenzaron en abril de 2026 y aún seguían en marcha en las últimas semanas.
De la pieza original se conservan alrededor de cuarenta metros cuadrados, dentro de una zona de excavación que abarca unos doscientos cincuenta metros cuadrados en total. Junto al mosaico se han recuperado cerca de dos mil fragmentos cerámicos.
Una datación precisa
Esos restos cerámicos han resultado clave para situar la obra en el tiempo. Gracias a ellos, los investigadores han podido datar el mosaico en la primera mitad del siglo III, en pleno periodo de esplendor de la ciudad romana.
La antigua Écija, conocida como Astigi, gozaba entonces de una posición privilegiada. Su condición de colonia, el rango más alto dentro de la organización romana, y la riqueza generada por el comercio del aceite de oliva explican semejante despliegue artístico.
Una de las mayores colecciones

El nuevo mosaico se suma a un conjunto verdaderamente excepcional. Según el arqueólogo municipal García-Dils, en los últimos veinticinco años se han documentado en Écija una veintena de mosaicos, de los que se conservan unos cuatrocientos metros cuadrados.
Esa superficie representaría aproximadamente una cuarta parte de los cerca de mil metros cuadrados de mosaico que, según las estimaciones, llegaron a cubrir en su día los suelos de la antigua ciudad. Una cifra que da la medida de su opulencia pasada.
El arte de las teselas
La elaboración de estos mosaicos exigía un trabajo minucioso y una enorme cantidad de piezas. El conjunto conservado en la ciudad reúne un número que se cuenta por millones de teselas, las pequeñas piezas con las que se componían las imágenes.
El nivel de detalle variaba según el motivo representado. Los diseños geométricos requerían alrededor de cien teselas por decímetro cuadrado, mientras que las figuras más elaboradas podían alcanzar las cuatrocientas piezas en ese mismo espacio.
Colores que brillan
Uno de los aspectos más llamativos tiene que ver con los materiales empleados. Algunas de las teselas estaban fabricadas con pasta vítrea, un tipo de vidrio que aportaba una luminosidad propia y unos colores especialmente vivos y brillantes.
Del proceso de restauración se encargan la conservadora Azahara Lora y los arqueólogos Carmen Andújar y Pedro Gómez. Su labor, apoyada en resinas y adhesivos, busca recuperar y estabilizar la pieza para garantizar su conservación futura.
Un futuro por decidir
Una vez finalizados los trabajos, el mosaico tendrá un nuevo destino. Podría pasar a formar parte de los fondos del museo de la ciudad o bien quedar integrado en el propio interior del edificio consistorial donde ha sido encontrado.
Sea cual sea la decisión, el hallazgo refuerza el papel de Écija como enclave clave para conocer el mundo romano. Cada nueva pieza contribuye a reconstruir la historia de una ciudad que aún guarda numerosos tesoros bajo sus calles.
Artículo muy útil sobre Écija.

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