La experta del INSP alerta sobre la liberación de metales tóxicos en la alfarería tradicional mexicana y la nueva normativa que busca regular este riesgo.
El aroma del chocolate caliente o del atole de cempasúchil es, para muchos, sinónimo de tradición y calor familiar. Sin embargo, ese ritual cotidiano esconde un peligro químico silencioso que la ciencia ha descrito con precisión. No es el barro el enemigo, sino los esmaltes que recubren las piezas y la temperatura insuficiente a la que se cocinan en algunos talleres. Si no se fija correctamente, el plomo se disuelve en la bebida.
Es un metal tóxico que no tiene ninguna función biológica en el cuerpo humano, pero que se acumula con terrible eficacia. Esta acumulación gradual puede pasar desapercibida durante años hasta que los síntomas neurológicos empiezan a manifestarse con fuerza en la población más vulnerable. La exposición crónica, incluso en niveles bajos, puede interferir con el desarrollo cognitivo y causar problemas de atención que arruinan el desempeño escolar de los niños. Martha María Téllez Rojo, investigadora del Instituto Nacional de Salud Pública, ha elevado la voz en un momento crítico para alertar sobre esta realidad oculta.
Durante la Semana Internacional de Prevención de la Intoxicación por Plomo, su mensaje fue directo: hay que promover el uso de loza libre de plomo. No se trata de demonizar la artesanía, sino de garantizar que la pieza que calienta tu comida no esté envenenando a tu familia. La experta enfatiza que la seguridad alimentaria debe ser una prioridad absoluta en la fabricación de estos artículos tradicionales que forman parte de la identidad cultural mexicana.
La trampa del barro y el esmalte
Entendemos el barro como un material noble, natural y seguro. Pero la realidad química es más compleja de lo que aparenta a simple vista. El riesgo reside en los compuestos de plomo que se utilizan como pigmento o ingrediente en los vidriados para dar brillo y color. Cuando una pieza se hornea a una temperatura demasiado baja, el metal no se fija a la estructura cerámica de manera permanente.
El plomo queda huérfano en la superficie, listo para liberarse al contacto con líquidos calientes o ácidos, como el jugo de la fruta o el propio chocolate. La especialista insiste en que la incertidumbre es el mayor enemigo del consumidor. Si no tienes la certeza absoluta de que una pieza está libre de plomo, la recomendación es clara: úsala solo como decoración o florero. No la utilices para preparar, guardar ni servir alimentos bajo ninguna circunstancia.
Este consejo es vital si en tu hogar hay embarazadas o niños pequeños, quienes son los más vulnerables a los efectos neurotóxicos de este metal pesado. La transferencia de plomo a través de la placenta o la rápida absorción en el sistema nervioso en desarrollo hacen que la precaución extrema sea la única opción viable para proteger a los miembros más sensibles de la familia.

Una regulación que cambia de enfoque
México ya cuenta con la norma NOM-004-SSA1-2013, que limita los compuestos de plomo en la alfarería vidriada destinada a alimentos. Pero el juego está cambiando radicalmente con la entrada en vigor de nuevas disposiciones. La Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios, Cofepris, anunció el 21 de octubre una actualización drástica que redefine el estándar de seguridad.
La nueva norma prohibirá el uso de compuestos de plomo como materia prima en la fabricación, importación y comercialización de estos productos, incluyendo incluso los decorativos y de jardín. Es un giro de 180 grados frente a las regulaciones anteriores. Ya no se trata solo de limitar la cantidad permitida, sino de eliminar por completo la presencia del metal en la cadena de producción para asegurar una barrera sanitaria efectiva.
Además, la norma NOM-231-SSA1 reducirá los límites de plomo y cadmio solubles en las superficies de contacto. El titular de la Cofepris, Víctor Hugo Borja, aclaró que la estrategia no será punitiva. Se buscarán incentivos para que los talleres produzcan sin plomo, reconociendo que la transición requiere apoyo técnico y financiero, y no solo castigo a los artesanos que buscan adaptarse a las nuevas exigencias del mercado.

El sello de seguridad que viene
Para el consumidor final, la confusión debe terminar con la implementación de herramientas claras de identificación. La Cofepris prevé otorgar un sello distintivo, sin costo para los productores, que certifique que una pieza es libre de plomo. Esto permitirá distinguir entre la artesanía tradicional y la segura de manera rápida y sencilla en cualquier punto de venta.
La investigadora del INSP destaca que ya existen talleres que producen bajo estos estándares de excelencia. Promover su uso beneficia tanto a la salud pública como a la economía de los artesanos que invierten en procesos seguros. Esta distinción valorará el trabajo de quienes cuidan la salud de sus clientes y les dará una ventaja competitiva legítima en el mercado nacional e internacional.
La salud pública no es solo cuestión de hospitales o medicamentos. A veces, está en la olla que usas para calentar tu bebida favorita cada tarde. Ser conscientes de esta amenaza invisible es el primer paso para proteger a quienes más lo necesitan. La tradición es valiosa, pero no debe costarnos la salud cognitiva de nuestros hijos ni la integridad física de nuestras familias en el largo plazo.

Qué hacer hoy mismo
Revisa tus ollas y jarros de barro con detenimiento. Si no sabes su origen o si fueron horneados en talleres informales sin certificación, deja de usarlos para alimentos de inmediato. Busca opciones que lleven el sello de seguridad o que provengan de proveedores que garanticen la ausencia de plomo en sus esmaltes mediante certificaciones oficiales. La prevención es barata y efectiva comparada con los costos de la salud.
No esperes a que los síntomas aparezcan, porque los daños en el sistema nervioso central son difíciles de revertir una vez que el plomo ha entrado en el organismo. Informar a tu comunidad también es parte de la solución activa. Comparte esta alerta con tus familiares y amigos para crear una red de protección. La salud es una responsabilidad compartida, y estar al tanto de estas normativas nos permite tomar decisiones más seguras y conscientes.
El Día de Muertos debe ser un momento de unión y memoria, no de exposición a toxinas evitables que pueden marcar la vida de nuestros descendientes. La ciencia ya nos ha dado la herramienta: el conocimiento. Úsalo para transformar la tradición en una práctica segura y sostenible para todas las generaciones presentes y futuras.
Preguntas frecuentes

Keep subscribing to Soledad MarínHer next filing reaches you the moment it publishes, on her own subdomain.
Subscribe
