Resiste crisis, inflación y modas: el alfajor sigue siendo el rey del consumo argentino y ahora también sale a conquistar el mundo. Con el dulce de leche como corazón y marcas que apuestan fuerte a la exportación, este clásico de kiosco se transformó en una industria millonaria. Un repaso con datos
Hay pocos objetos tan argentinos como el alfajor. Está en cada kiosco, en cada mochila escolar y en cada viaje largo por la ruta. Sin embargo, detrás de ese gesto cotidiano de abrir el envoltorio se esconde una industria que mueve millones y que hoy mira cada vez más hacia afuera de las fronteras.
En los últimos años, este clásico de dos tapas y relleno dejó de ser solo un consumo nostálgico para transformarse en un verdadero negocio de exportación. Acá repasamos, con datos y cifras publicadas, cómo el dulce más popular del país se volvió también una carta de presentación argentina en el mundo.
El rey que resiste la crisis
Lo primero que sorprende es su resistencia. Incluso en tiempos de inflación y de bolsillos ajustados, el alfajor sigue encabezando el ranking de los productos más elegidos por los argentinos. Según distintos relevamientos, se mantiene entre los más vendidos aun cuando otros consumos se recortan sin piedad.
El corazón es el dulce de leche

Ningún alfajor sería lo que es sin su alma, el dulce de leche. Esa pasta dorada, cremosa y profundamente argentina define el sabor de las marcas más queridas y explica buena parte de su encanto. La calidad de la materia prima y la cocción son las que marcan la verdadera diferencia entre uno y otro.
Marcas que son parte de la identidad
Con el tiempo, ciertos nombres se volvieron casi sinónimo del producto. Marcas icónicas como Havanna, Cachafaz o Guaymallén conviven con decenas de opciones regionales y artesanales, cada una con sus fieles defensores. Discutir cuál es el mejor alfajor es, para muchos, casi un deporte nacional.
De la nostalgia al negocio millonario
El salto más interesante es el que va del recuerdo al balance contable. Una de las empresas más emblemáticas del rubro, Havanna, produce alrededor de 5.000 toneladas anuales entre alfajores y otros productos en su planta de Mar del Plata, según la información publicada sobre la compañía y su actividad.
Una inversión para conquistar góndolas
Para sostener ese crecimiento, la firma anunció una inversión de más de 1.000 millones de pesos destinada a construir una cámara de frío. El objetivo es mantener stock permanente durante todo el año y dejar de depender de servicios de refrigeración tercerizados, un paso clave para poder exportar con mayor regularidad.
El alfajor se sube al avión
La apuesta exportadora ya muestra números concretos. La compañía se propuso duplicar su producción pensando en el exterior y proyectó superar los 7 millones de dólares en ingresos por exportación, frente a los 3 millones de 2020, cuando comenzó con más fuerza su expansión internacional hacia otros países.
Hacia dónde viaja el dulce argentino
El mapa de destinos también se amplía año a año. Hoy los alfajores argentinos llegan a mercados como Brasil, Paraguay, Chile, Estados Unidos y España, mientras la mirada se posa en nuevas plazas de Asia, Medio Oriente y Europa. El sabor de infancia de varias generaciones empieza a cruzar fronteras.
Una línea más saludable
El fenómeno también acompaña los cambios de época. Según las proyecciones publicadas, la empresa espera un crecimiento cercano al 150 por ciento en las exportaciones de su línea de productos más saludables, además de un aumento del 30 por ciento en las ventas dentro del país. El clásico se reinventa sin perder su identidad.
Mucho más que un kiosco
Detrás de cada alfajor hay, además, una cadena de trabajo enorme. Solo Havanna reúne a unos 1.200 empleados directos y alrededor de 3.000 puestos indirectos a través de sus franquicias, según los datos difundidos. Es decir que el dulce sostiene economías familiares y regionales en todos los rincones del país.
Un símbolo que se exporta
Lo más valioso, quizás, no sea la cifra sino lo que representa. Cuando un argentino en el exterior encuentra un alfajor en una góndola lejana, encuentra también un pedacito de su casa. Por eso la exportación de este producto es, en el fondo, también una silenciosa exportación de cultura y de identidad.
El alfajor demuestra así que la tradición y el negocio pueden ir de la mano sin contradecirse. Nacido como un simple gusto de todos los días, hoy se anima a competir en el mundo sin perder su esencia. Y mientras siga habiendo dulce de leche y ganas de compartirlo, su reinado parece tener cuerda para rato.
Muy buena cobertura de alfajor.
Buen análisis de alfajor.
Sigo alfajor y esto ayuda.
Exacto.