Detrás de los viñedos chilenos se esconde una historia que mezcla la herencia colonial con uno de los hallazgos más sorprendentes del mundo del vino: el redescubrimiento del Carménère.
Chile es hoy uno de los grandes países vitivinícolas del Nuevo Mundo, pero detrás de sus extensos viñedos se esconde una historia fascinante que mezcla la herencia colonial con un giro casi novelesco.
Es la historia de una uva que se creyó perdida para siempre en Europa y que, sin que nadie lo supiera, había encontrado un nuevo hogar al otro lado del mundo, en los valles templados del centro de Chile.
Una tradición que llegó con la colonia

La tradición del vino en Chile se remonta al siglo dieciséis, cuando los colonizadores españoles introdujeron las primeras cepas en el territorio para abastecer tanto las mesas como las necesidades religiosas de la época.
Durante siglos fue la uva país la que dominó los campos chilenos, y el vino se fue integrando poco a poco en la vida rural, en las celebraciones y en la identidad cultural del país a lo largo de generaciones.
La llegada de las cepas francesas
Un cambio importante llegó hacia la década de 1850, cuando algunas familias acomodadas comenzaron a importar cepas francesas de la región de Burdeos, como el Cabernet Sauvignon y el Merlot, entre otras variedades nobles.
Entre aquellas plantas viajó también una uva que todos daban por Merlot, y que fue plantada con ese nombre en numerosos viñedos repartidos por las distintas regiones vitivinícolas del territorio chileno.
La uva que desapareció de Burdeos
Aquella cepa era en realidad el Carménère, una variedad originaria de Burdeos que en su tierra natal estuvo a punto de extinguirse por completo tras la devastadora plaga de la filoxera del siglo diecinueve.
Difícil de cultivar y de madurar en el clima fresco y húmedo del Atlántico francés, el Carménère no volvió a plantarse en Burdeos, y con el paso del tiempo pasó a considerarse una uva prácticamente desaparecida.
Un siglo y medio de identidad equivocada
Mientras tanto, en Chile esa misma uva se cultivó confundida con el Merlot durante casi ciento cincuenta años, sin que los viticultores sospecharan que estaban trabajando con una variedad que el mundo creía perdida.
Los productores vendimiaban y elaboraban sus vinos convencidos de que se trataba de Merlot, ajenos por completo al valioso secreto botánico que crecía en silencio entre sus hileras de parras.
El hallazgo de 1994
El punto de inflexión llegó en noviembre de 1994, cuando el ampelógrafo francés Jean Michel Boursiquot recorría unos viñedos del valle del Maipo y advirtió un pequeño detalle que no encajaba con el Merlot que creía observar.
Aquella particularidad en las plantas lo puso sobre la pista, y los análisis posteriores confirmaron que se trataba del legendario Carménère, en lo que se convirtió en un momento histórico para la vitivinicultura chilena.
El emblema del vino chileno
Desde entonces el Carménère se transformó en la cepa emblemática del país, hasta el punto de que hoy Chile concentra más del noventa por ciento de las plantaciones de esta variedad en todo el mundo.
Así, una uva que había desaparecido de su tierra de origen encontró una segunda vida en Chile, convirtiendo un antiguo error de identidad en uno de los mayores tesoros de su patrimonio vitivinícola.
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