La entidad de Eguidazu paga 12 millones en acciones para recuperar el control de su bróker. Lafuente deja la renta variable para dirigir la mesa de fusiones, un movimiento que elimina la autonomía de los fundadores.
Fernando Lafuente ya no mira las gráficas de renta variable. Ahora dirige la mesa de M&A de empresas cotizadas. El salto de la pantalla al asiento de negociación no es un mero cambio de título en la organigrama. Es la pieza visible de una maniobra más profunda que Alantra ha cerrado esta semana sin hacer ruido.
Santiago Eguidazu ha ordenado comprar el 37% del capital de su filial de valores a seis socios ejecutivos. La cifra es de 12 millones de euros, pero la forma de pago es lo que realmente importa: todo en acciones de la propia entidad. Es una operación de precisión quirúrgica que limpia la estructura accionarial y elimina la fricción de tener socios menores con voto.
El precio del control absoluto
No es una venta al mejor postor. Es una recompra forzosa de facto. Pedro Garnica, Fernando Lafuente, André Pereira, Nelson Cruz, Diego Miranda y Fernando Abril-Martorell García han cedido sus participaciones. A cambio, han recibido el 1,18% del capital de Alantra, procedente de autocartera. La transacción es directa y sin intermediarios.
La matriz controla ahora el 86,7% del bróker. Solo queda Francisco Riquel, con un 11,66%. El resto, historia. Los vendedores se han comprometido a mantener el 90% de las acciones recibidas durante cinco años. Un lock up que expira por tramos y que asegura la lealtad de quienes hoy son accionistas, no socios.

Una hoja de ruta que huele a 330 millones
El objetivo es claro: elevar los ingresos más de un 50% desde el nivel del año pasado para alcanzar los 330 millones en 2028. El grueso de esa ambición pasa por reequilibrar el negocio hacia la gestión de activos, pero esta operación es el primer paso. La estructura debe ser eficiente para sostener ese crecimiento.
Alantra quiere una estructura más limpia, más vertical. Sin socios ejecutivos que voten en juntas de la filial, la toma de decisiones se acelera. Y en banca de inversión, la velocidad es la única ventaja que importa. La burocracia interna se reduce a la mínima expresión.

La sombra de Kepler Cheuvreux
Cabeza lista, memoria larga. Garnica y Lafuente se fueron de Crédit Agricole Cheuvreux hace unos 15 años para lanzar la actual Alantra Equities. Riquel, el único que se queda con su participación, también viene de esa casa, hoy denominada Kepler Cheuvreux. La genealogía del equipo directivo es común y conocida.
La operación no es solo financiera. Es simbólica. Cierra un capítulo de socios fundadores y abre uno de jerarquía corporativa. El M&A de cotizadas, que antes era una línea más, ahora tiene un jefe propio que reporta directamente a Miguel Hernández, Executive Chairman de Investment Banking. La cadena de mando se ha acortado drásticamente.

El coste de la lealtad
El contrato es quirúrgico. Si un vendedor se marcha antes de los cinco años, tiene que devolver las acciones o pagar una penalización. No hay atajos. Alantra no está comprando solo el 37% del bróker. Está comprando la estabilidad de su cúpula. La incertidumbre laboral se ha convertido en riesgo de mercado.
En un mercado donde los bancos de inversión se disputan analistas como si fueran activos cotizados, retener a los tuyos es la mitad de la batalla. La otra mitad es que no te vendan a la competencia. Y eso, en el mundo de la banca de inversión, es casi imposible de garantizar sin dinero. La lealtad tiene un precio y ahora está pagado.
Lo que viene
El 29 de septiembre, el consejo de administración de Santander votará el dividendo en efectivo. El 11 de noviembre, los hipotecados tinerfeños saldrán a la huelga. Y mientras tanto, Alantra se queda con su bróker, sus socios y su M&A. El calendario financiero sigue su curso, ajeno a esta reestructuración interna.
La guerra por el dinero del ahorrador conservador sigue su curso. Openbank ha subido al 3,25% la rentabilidad de su cuenta remunerada. Bizum busca una red europea que rompa el duopolio de Visa y Mastercard. Y en Valencia, los jóvenes podrán acceder a ayudas de hasta 15.000 euros para comprar vivienda en municipios de menos de 10.000 habitantes. El sector financiero español está en plena reconfiguración.
Y Alantra acaba de mover su ficha. La centralización del poder en la matriz es un hecho consumado. La estructura del bróker ya no depende de la voluntad de sus antiguos socios, sino de la estrategia corporativa de la matriz. El juego ha cambiado de reglas.
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