La 55.ª Encuesta de Sentimiento de Mercado revela los niveles de rentabilidad de la deuda que harían saltar las alarmas en las Bolsas y la economía real.
El bono estadounidense a diez años ya no es un refugio seguro, es una bomba de relojería que cuenta los segundos. En octubre, su rentabilidad superó el 5,3 por ciento, un nivel que hace apenas dos años parecía impensable para los mercados desarrollados. La pregunta que ahora domina las salas de operaciones en Madrid no es si los activos de riesgo caerán, sino cuánto más pueden soportar las carteras antes de que la sangría se vuelva irreversible.
Los gestores españoles de fondos y bancas privadas han hablado claro. En la 55.ª Encuesta de Sentimiento de Mercado de ElConfidencial, 24 entidades con más de 700.000 millones de euros bajo gestión han puesto precio al miedo. Y la cifra que más se repite para el bono español es el 5 por ciento. Ese es el punto de no retorno donde el nerviosismo en la renta fija deja de ser un problema de tipos para convertirse en una crisis de liquidez global.
La línea roja de la deuda
Actualmente, el título a diez años del Tesoro español cotiza en el 3,9 por ciento, un nivel que en octubre rozó el 4,2 por ciento. Para el 96 por ciento de los participantes en el sondeo, el margen de seguridad se agota entre el 4,5 y el 5 por ciento. Solo un gestor se fue por libre y situó la alarma en el 6 por ciento, pero esa voz aislada no cambia la foto de conjunto.
La unanimidad es notable. Cuando los inversores institucionales más relevantes del país coinciden en un rango tan estrecho, no están adivinando el futuro. Están señalando el límite estructural de sus propias carteras y de las de sus clientes. El 5 por ciento no es una predicción, es un umbral de capacidad de pago que el sistema financiero no puede traspasar sin consecuencias graves.

La sombra de Washington
El escenario no es solo local. El bono estadounidense a diez años, el activo que marca el precio de la deuda en todo el mundo, se mueve ahora mismo en el 4,9 por ciento. La media de los gestores españoles sitúa el nivel de alarma en el 5,9 por ciento, con una moda clara en el 6 por ciento. Casi todos los encuestados ubican ese punto crítico entre el 5,5 y el 6 por ciento.
Si el dólar se encarece hasta esos niveles, el coste de financiar la deuda pública de las economías desarrolladas se dispara. Los gestores temen que esa escalada impida a los bancos centrales seguir siendo el comprador de última instancia y que la liquidez se seque justo cuando más se necesita. Es la tormenta perfecta que nadie quiere ver, pero todos están midiendo su probabilidad.

La inflación que no se rinde
El miedo a la deuda no nace en el vacío. El indicador adelantado del IPC de octubre en España se ha situado en el 4,9 por ciento interanual, la misma ratio que en septiembre a pesar de las ayudas públicas. Es el nivel más alto desde febrero de 2023, una dinámica que se extiende por toda Europa.
Cuando la inflación se estanca en niveles elevados, los bancos centrales no pueden bajar los tipos. Y si no bajan los tipos, la deuda sigue siendo cara. Es un círculo vicioso que los gestores españoles conocen bien. El nerviosismo en la renta fija no es solo una reacción a los tipos de interés, es una respuesta a la expectativa de que el endeudamiento de los Estados siga aumentando mientras la capacidad de repago estanca.

El contagio de la IA
Mientras el mercado se obsesiona con los bonos, los gigantes tecnológicos están quemando caja a un ritmo histórico. Amazon, Alphabet y Meta han presentado unas cuentas del tercer trimestre con un denominador común: flujos de caja libre negativos multimillonarios. Amazon registró un flujo de caja libre negativo de 42.400 millones de dólares, un contraste brutal con los 14.800 millones positivos de un año atrás.
La inversión en infraestructura de inteligencia artificial está devorando los beneficios de las empresas. Amazon reiteró su previsión de alcanzar un gasto de capital en 2026 de 220.000 millones de dólares, y sus acciones cayeron hasta un 10 por ciento tras la publicación de las cuentas. El mercado empieza a dudar de que la publicidad y el comercio minorista, los motores tradicionales de estos grupos, puedan sostener esta vorágine de gasto.
La presión no viene solo de dentro. Nuevos competidores como Anthropic, que ultima su salida a Bolsa, y OpenAI están desestabilizando el equilibrio de poder. Los inversores sienten que la desaceleración en los negocios principales coincide con un momento de inversión récord, y eso genera una ansiedad que se traduce en ventas masivas de tecnología.
El espejo de Endesa
En medio de esta tormenta, hay sectores que siguen operando con normalidad. Endesa, la filial española de Enel, ha aumentado su beneficio neto de los nueve primeros meses de 2026 un 15 por ciento, hasta 1.962 millones de euros. Su EBITDA ha crecido un 8,4 por ciento, hasta 4.577 millones de euros, y la empresa ha confirmado que su beneficio neto ordinario anual superará los 2.400 millones de euros.
El foco de inversión de Endesa en redes reguladas, con un aumento del 42 por ciento en la inversión en distribución, le da una estabilidad que los negocios de tecnología no tienen ahora mismo. Enel, el grupo matriz, espera presentar sus resultados el 11 de noviembre, y los analistas esperan que la mejora en la producción y distribución se traduzca en un crecimiento de beneficios sólido.
Mientras tanto, IREN, una empresa de infraestructuras de IA, ha visto cómo su acción caía un 4,5 por ciento el viernes. La aprobación de su proyecto de centro de datos en Badajoz, con una capacidad de 300 megavatios, no ha sido suficiente para calmar a los inversores. B. Riley Securities mantiene su recomendación de compra, pero ha recortado su precio objetivo de 91 a 64 dólares. La estructura organizativa no sustituye a las cifras de negocio, y el mercado lo sabe.
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