Franco Colapinto compuso su puesta a punto en México con una sola sesión de práctica, tras ceder el auto a Gabriele Mini. El análisis de su jornada y el contexto de un viernes caótico en el circuito Hermanos Rodríguez.
Ceder el monoplaza en la primera práctica libre es una decisión táctica rara, pero en el Autódromo Hermanos Rodríguez se convirtió en una trampa. Franco Colapinto le entregó el auto número 43 al rookie Gabriele Mini y, como consecuencia, tuvo que esperar hasta la FP2 para pisar el asfalto. Solo una hora. Ese lapso, que en otras pistas alcanzaría para afinar la puesta a punto, aquí se convirtió en una carrera contra el reloj para entender un coche que todavía no terminaba de mostrarse del todo.
El viernes fue un desfile de errores y banderas rojas. Autos pasándose de los frenajes, sobre todo en la curva 1, fallas mecánicas atribuidas a la gran altitud y un choque entre Max Verstappen y Liam Lawson que dejó piezas rotas en la pista. En medio de ese caos, Colapinto tuvo que improvisar, compactando tareas que normalmente se reparten a lo largo de dos sesiones en una sola salida. El resultado fue un 16° puesto con un tiempo de 1:19.132, un punto de partida honesto pero que deja trabajo pendiente de cara a la clasificación.
Una hora para aprender lo que otros aprenden en dos
La restricción de tiempo obligó a un plan de trabajo muy distinto al habitual. Colapinto retomó los datos que Mini había recopilado en la primera hora, cuando el británico giró con los rastrillos de aerodinámica para recabar información. Con eso como base, el argentino hizo una primera prueba con neumáticos medios para evaluar la sensación general, luego cambió a blandos para dar algunos giros con bajo combustible y terminó rodando con el auto cargado de combustible.
Fue una secuencia rápida, casi quirúrgica. No hubo tiempo para ensayos largos ni para probar configuraciones extremas. Todo se hizo con la premisa de sobrevivir a una pista que se presentó durísima desde el primer día. La altitud, que reduce la carga aerodinámica y complica el funcionamiento del turbo, exigió ajustes finos que no siempre se logran en una sola hora. Colapinto lo sabía, y por eso su objetivo era claro: no perder tiempo, aprender lo esencial y dejar el resto para la FP3.

El viernes, un campo de pruebas caótico
El circuito mexicano no es conocido por su dureza, pero el viernes lo fue. La gran altitud del trazado, que reduce la presión del aire y afecta el rendimiento del motor y la aerodinámica, generó una serie de problemas que complicaron la jornada de todos los equipos. Autos pasándose de los frenajes, especialmente en la curva 1, fueron un espectáculo constante. Las escapatorias, que en teoría deberían mitigar el riesgo, no evitó que varios pilotos terminaran en el pasto.
La situación empeoró con las fallas mecánicas, que según los equipos se deben a las condiciones del terreno. El turbo, que necesita más aire para funcionar correctamente, se vio afectado por la baja densidad del aire. Esto, sumado a la menor carga aerodinámica, hizo que los autos fueran menos predecibles en las curvas. El incidente entre Verstappen y Lawson, que terminó con piezas rotas y una bandera roja, fue la guinda de un día que exigió concentración y nervios de acero a todos los pilotos.

La presión de la clasificación y el peso de la FP3
Con solo una hora de práctica, la presión recae ahora en la FP3, la sesión clave para llegar fino a la clasificación. Colapinto sabe que no puede darse el lujo de perder tiempo, y que cada segundo cuenta. Su objetivo es claro: usar la sesión para afinar la puesta a punto, entender cómo se comporta el auto con carga y encontrar el punto óptimo para la qualy.
El 16° puesto en la FP2 no es un desastre, pero tampoco es un logro. Es un punto de partida, una base sobre la que construir. La sensación, según las declaraciones del equipo, es de que hay que trabajar, que hay cosas por ajustar. En una pista como la de México, donde los errores se pagan caros, la capacidad de adaptación es lo que separa a los que llegan lejos de los que quedan en el camino.

El contexto de Red Bull y la advertencia a Lawson
Mientras Colapinto se enfocaba en su propio coche, Red Bull vivía su propia tormenta. Max Verstappen, que se quedó fuera de la FP1 para dejarle el auto a Ayumu Iwasa, terminó quinto en la FP2 con un tiempo de 1:18.138, a 0.311 segundos de Charles Leclerc. El neerlandés reconoció que la sesión fue difícil, pero que no estaban tan lejos. Solo necesitaban hacer algunos pequeños ajustes.
Lo más llamativo, sin embargo, fue el incidente con Liam Lawson. Con 47 minutos para el final de la FP2, Verstappen retrasó la frenada en la curva 12 y tocó al neozelandés, quien le devolvió el golpe. En la curva 14, los dos volvieron a chocar, dejando restos en la pista. Verstappen fue claro: si hubiera sido Lawson, se habría comportado de manera diferente. El tetracampeón recordó que el piloto de Racing Bulls aún no tiene un lugar asegurado para 2027, y que quizás la actitud que intentó adoptar no fue muy inteligente.
Hacia la clasificación: el desafío de la altitud
La clasificación del domingo será una prueba de nervios y precisión. En una pista donde los frenajes son críticos y la aerodinámica se ve afectada por la altitud, el margen de error es mínimo. Colapinto tiene que llegar con el coche ajustado, con la confianza de que la puesta a punto es la correcta. No hay tiempo para dudas.
El viernes fue un día de aprendizaje, de adaptación, de sobrevivir. El sábado será un día de gestión, de aprovechar al máximo cada segundo. La diferencia entre un buen resultado y un mal resultado, en México, se mide en centésimas. Y en centésimas, Colapinto ya demostró que puede estar ahí. Ahora, toca convertir esa experiencia en puntos.
Preguntas frecuentes

Keep subscribing to Tomás SuárezHer next filing reaches you the moment it publishes, on her own subdomain.
Subscribe
