Entre enero y abril de 2026, el 61,8% de la electricidad generada en España procedió de fuentes renovables, según Red Eléctrica. Un hito histórico impulsado por el sol y el viento que acelera la transición energética del país.
España se ha convertido en uno de los grandes protagonistas de la transición energética en Europa, y los últimos datos lo confirman con rotundidad. El sistema eléctrico del país vive una transformación profunda, en la que las energías limpias ganan terreno mes a mes de forma cada vez más clara.
Lo que hasta hace poco parecía un objetivo lejano empieza a ser una realidad cotidiana. Buena parte de la electricidad que consumimos en los hogares y las empresas procede ya de fuentes renovables, un cambio silencioso pero de enorme calado para el conjunto de la economía y el medio ambiente.
Un récord histórico
Según los datos de Red Eléctrica, entre los meses de enero y abril de 2026 el 61,8% de la energía producida en España fue de origen renovable. Se trata de una cifra sin precedentes, que marca un antes y un después en la historia reciente del sistema eléctrico nacional.
El dato resulta especialmente significativo por su continuidad en el tiempo. Por primera vez, la producción verde superó la barrera del 60% mensual durante cuatro meses consecutivos, lo que demuestra que ya no se trata de un pico puntual, sino de una tendencia sólida y sostenida.
Cuatro meses por encima del 60%
Si se observa la evolución mes a mes, el avance queda todavía más patente. El año arrancó en enero con un 59,5%, para subir con fuerza en febrero hasta el 63,2% y alcanzar en marzo su punto más alto, con un notable 63,8% de generación renovable.
El mes de abril mantuvo el buen ritmo con un 61,3%, cerrando así un primer cuatrimestre excepcional. Esta regularidad es clave, porque muestra que el sistema es capaz de sostener niveles altos de energía limpia incluso cuando cambian las condiciones meteorológicas y la demanda.
El empuje del sol y del viento

Detrás de estas cifras hay dos grandes protagonistas que se reparten el peso del sistema. La energía eólica se ha consolidado como la principal fuente de generación del país, situándose a la cabeza en diecisiete de los últimos veinticuatro meses analizados por los expertos.
A su lado, la energía solar fotovoltaica vive un momento de expansión imparable. Su producción creció un 24% respecto al año anterior, impulsada por la instalación de nuevos parques y por el enorme potencial de un país con tantas horas de sol como España a lo largo del año.
Una generación cada vez más limpia
El resultado de esta combinación es un sistema eléctrico mucho menos contaminante que en el pasado reciente. Sumando las energías renovables y la aportación de la energía nuclear, casi el 80% de la electricidad generada estuvo libre de emisiones de dióxido de carbono.
La energía nuclear siguió aportando en torno al 19 o 20% de la generación, complementando a las renovables en los momentos de menor producción verde. La energía hidráulica, por su parte, alcanzó en abril una cuota cercana al 13% gracias a la buena situación de los embalses.
El reto del almacenamiento
El gran desafío de este nuevo modelo no es solo producir energía limpia, sino saber almacenarla para cuando no brilla el sol ni sopla el viento. En este sentido, el mes de abril trajo también un avance importante en la capacidad de almacenamiento del sistema eléctrico español.
Según los datos disponibles, se integraron en la red 1.128 gigavatios hora procedentes de baterías y de centrales de bombeo. Esta capacidad resulta esencial para dar estabilidad a un sistema cada vez más dependiente de fuentes que, por naturaleza, son variables e intermitentes.
Un liderazgo que se consolida
Todos estos indicadores dibujan el retrato de un país que avanza con paso firme hacia un modelo energético más sostenible. España se afianza como uno de los referentes europeos en la integración de renovables, con un sistema que combina sol, viento, agua y tecnología de almacenamiento.
El reto para los próximos años será mantener este ritmo sin descuidar la estabilidad del suministro ni el bolsillo de los consumidores. Si la tendencia se confirma, 2026 podría recordarse como uno de los años decisivos en la larga transición del país hacia una electricidad limpia.
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