Dada por extinta en Europa y confundida durante casi siglo y medio con la merlot, la carménère resucitó en los viñedos chilenos. Hoy Chile concentra mas del noventa por ciento de esta uva en el mundo y la ha convertido en el emblema de su industria vitivinícola.
Hay historias en el mundo del vino que parecen sacadas de una novela, y la de la carménère es una de las mas fascinantes de todas. Se trata de una uva que fue dada por desaparecida en su tierra natal, cruzo un oceano sin saberlo nadie y vivio escondida durante casi siglo y medio bajo otro nombre. Hoy, esa misma cepa se ha convertido en el gran símbolo de la identidad vitivinícola de Chile ante el mundo entero.
La cepa emblemática de Chile
Cuando se piensa en el vino chileno, cada vez es mas frecuente que el nombre de la carménère aparezca en la conversacion casi de inmediato. Esta variedad tinta se ha transformado en la bandera de un país que produce vinos reconocidos en los cinco continentes. Su historia singular y su estrecho vinculo con el territorio chileno la han elevado a un lugar que ninguna otra cepa ocupa en el imaginario del país.
Un noble origen en Burdeos
Para entender su valor hay que viajar en el tiempo hasta la region francesa de Burdeos, cuna de algunos de los vinos mas célebres del planeta. Alli la carménère fue considerada una de las variedades nobles mas antiguas de Europa, e incluso se la llamo el abuelo de las cepas bordelesas. Durante mucho tiempo estuvo ampliamente plantada en la afamada zona del Medoc, donde formaba parte esencial de los grandes vinos.
La plaga que la borró de Europa
El destino de la carménère en Europa cambio para siempre durante el siglo diecinueve con la llegada de una devastadora plaga. La filoxera, un diminuto insecto que ataca las raices de la vid, arraso con enormes extensiones de viñedos en todo el continente. La carménère resulto especialmente golpeada y, tras la catastrofe, se volvio tan escasa que en la practica se la dio por extinta en su Francia natal.
Un viaje a través del océano
Lo que casi nadie sabia es que la cepa ya habia encontrado un refugio muy lejos de Europa antes del desastre. Alrededor de la decada de mil ochocientos cincuenta, junto a otras variedades bordelesas, la carménère llego a Chile a bordo de barcos que transportaban vides desde Francia. En el suelo chileno fue plantada y cultivada con esmero, pero bajo una identidad equivocada que tardaria muchisimo en aclararse.
Casi siglo y medio de confusión
Durante cerca de ciento cincuenta años, los viñateros chilenos creyeron que estaban cultivando merlot en buena parte de sus parras. Las dos variedades comparten cierto parecido en la planta, lo que hizo que la confusion se mantuviera generacion tras generacion. Asi, la carménère crecio y se adapto al clima y a los valles chilenos sin que nadie sospechara que en realidad se trataba de una cepa distinta y casi olvidada.
El redescubrimiento de 1994
El gran giro llego en la primavera de mil novecientos noventa y cuatro gracias al trabajo de un especialista europeo. El ampelografo Jean Michel Boursiquot examino unas vides que se creian merlot y determino que en verdad eran carménère. El hallazgo, asociado a la viña Carmen, provoco un enorme revuelo y devolvio a la vida una variedad que el mundo consideraba perdida para siempre.
Más del noventa por ciento del mundo
Desde aquel momento, Chile abrazo a la carménère como algo propio y decidio apostar por ella con determinación. En la actualidad, el país concentra mas del noventa por ciento de las plantaciones de esta uva en todo el planeta. Semejante cifra convierte a Chile en el guardian casi absoluto de una cepa historica, y le otorga una carta de presentacion única frente a cualquier otra region vitivinícola del mundo.
El carácter del vino

La carménère da origen a vinos tintos de color intenso y personalidad marcada que enamoran a muchos aficionados. Se trata de una variedad de maduracion tardia, que necesita bastante sol y tiempo para alcanzar todo su potencial en la copa. Precisamente por eso encontro en el clima calido y luminoso de varios valles chilenos las condiciones ideales que le habian faltado en la fria Europa.
Un día para celebrarla
El orgullo que despierta esta cepa es tan grande que Chile le dedico incluso una fecha especial en el calendario. Cada veinticuatro de noviembre se celebra el Dia del Carménère, en recuerdo de aquel redescubrimiento que cambio la historia del vino chileno. La jornada se ha convertido en una oportunidad para difundir la cultura del vino y para reforzar el vinculo entre la uva y la identidad del país.
Identidad y orgullo nacional
Mas alla de las cifras y las fechas, la carménère representa hoy una verdadera fuente de orgullo para Chile. En un mercado global tan competitivo, contar con una cepa propia y con una historia tan poderosa es una ventaja enorme para diferenciarse. Cada botella de carménère lleva consigo el relato de una resurreccion, algo que ningun otro país productor puede ofrecer de la misma manera.
El futuro de la joya chilena
El gran desafio que queda por delante es lograr que el mundo entero conozca y valore esta joya en toda su dimension. Los productores trabajan para mejorar la calidad y para contar la historia de la cepa mas alla de las fronteras chilenas. Si consiguen transmitir la magia de esta uva resucitada, la carménère seguira creciendo como el gran embajador liquido de Chile en las mesas de todo el planeta.
Muy buena cobertura de carmenere.
Cierto.
Totalmente.