Tras años de sequía y sobreexplotación del agua, el gran humedal español de Doñana da señales de recuperación: las lluvias de 2025 rompen el ciclo seco, las aves invernantes repuntan y un plan de 356 millones de euros intenta salvarlo, mientras la UNESCO vigila de cerca su futuro.
En el suroeste de España, entre las provincias de Huelva, Sevilla y Cádiz, se extiende Doñana, uno de los humedales más importantes de Europa y refugio para millones de aves migratorias que cruzan cada año entre el continente africano y el europeo.
Durante los últimos años, este espacio protegido ha vivido una de las crisis más profundas de su historia reciente, marcada por una sequía prolongada, la sobreexplotación del agua subterránea y un descenso alarmante en el número de aves. Sin embargo, 2025 y 2026 han traído señales de esperanza.
Un mínimo histórico que encendió las alarmas
El golpe más duro llegó en enero de 2024, cuando el censo de aves acuáticas invernantes registró apenas 43.989 ejemplares, la cifra más baja de toda la serie histórica del parque. Para un lugar acostumbrado a recibir cientos de miles de aves, aquel dato fue una señal de alarma imposible de ignorar.
Los científicos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, el CSIC, que estudian la zona desde hace décadas, advirtieron de que las poblaciones de aves acuáticas mostraban un declive de entre el 30 y el 50 por ciento respecto a lo que había hace veinte años, un deterioro que reflejaba el mal estado general del humedal.
El agua que no llegaba: pozos y fresas
La raíz del problema estaba bajo tierra. El acuífero que alimenta las marismas llevaba años sobreexplotado por la extracción de agua, buena parte de ella a través de pozos ilegales. Según los datos recogidos por las organizaciones ambientales, existen entre mil y dos mil sondeos no autorizados en la zona.
Buena parte de esa demanda procede de la agricultura intensiva que rodea el parque, en especial el cultivo de fresas y frutos rojos. La provincia de Huelva produce alrededor de tres cuartas partes de las fresas de España, con 350.677 toneladas exportadas el año pasado por un valor cercano a los 1.210 millones de euros.
Las lluvias de 2025 rompen el ciclo seco
El punto de inflexión llegó del cielo. Según el CSIC, el año hidrometeorológico de 2025 acumuló 674 litros por metro cuadrado, lo que lo convierte en el primer año húmedo desde 2010 y pone fin al ciclo seco más largo registrado en la historia del parque nacional.
Esas lluvias, concentradas sobre todo a partir de finales de enero y durante la primavera, permitieron que las marismas volvieran a inundarse y que reaparecieran lagunas que llevaban tiempo secas. La última laguna de agua dulce permanente del parque se había secado por completo en el verano de 2022.
Las aves vuelven, pero no todas

La respuesta de la fauna no se hizo esperar. En enero de 2026 se censaron 178.907 aves invernantes, una cifra muy superior a la del año anterior, aunque todavía por debajo del promedio histórico para ese mes, situado en torno a los 280.000 individuos según los registros del propio parque.
Los investigadores subrayan que en 2025 la mayoría de las especies mostró aumentos de abundancia respecto a 2024, y que la cría de aves acuáticas fue especialmente buena. Aun así, advierten de que, a medio plazo, los declives siguen afectando a algo más de la mitad de las especies del humedal.
Un plan de 356 millones y la sombra de la UNESCO
Para intentar revertir la situación, el Gobierno de España anunció un plan de restauración hidrológica dotado con 356 millones de euros, centrado en reducir las extracciones de agua subterránea, recuperar la hidrología superficial y reconectar los cauces que alimentan la marisma con su entorno.
La presión internacional también ha jugado su papel. La UNESCO, que declaró Doñana Patrimonio de la Humanidad en 1994, pidió a España un informe actualizado sobre la conservación del espacio, con la advertencia de que, si la degradación continúa, el lugar podría acabar en la lista de Patrimonio Mundial en Peligro.
Un respiro, no una cura
Los expertos coinciden en pedir cautela. Las lluvias han dado un respiro evidente al humedal, pero no resuelven los problemas estructurales de fondo: un acuífero agotado, una agricultura muy demandante de agua y un clima cada vez más extremo que alterna sequías largas con lluvias intensas y repentinas.
Doñana demuestra que la naturaleza conserva una enorme capacidad de recuperación cuando se le devuelve el agua, pero también que esa recuperación es frágil. El futuro del humedal dependerá menos de un invierno lluvioso y más de que las medidas de protección se mantengan firmes en el tiempo.
Artículo muy útil sobre sequía.